El profesor y el ex capitán que polarizan las elecciones presidenciales en Brasil

Por Agencias

Fernando Haddad

Fernando Haddad

El profesor de ciencias políticas que luego fue ministro de Educación, Fernando Haddad, era poco conocido fuera de Sao Paulo, donde fue alcalde por cuatro años, hasta que a mediados de septiembre fue nombrado como candidato de reemplazo del ex presidente Lula da Silva por Partido de los Trabajadores (PT). Con el poco tiempo que lleva le ha sido difícil deshacerse del fantasma del ex mandatario y aún despierta dudas sobre su capacidad para convencer a los votantes.

El nuevo candidato del PT, con un 22% de intención de voto en primera vuelta, según la última encuesta de Datafolha  , ha elogiado repetidas veces al gobierno de Lula, prometió recuperar el crecimiento económico y culpó al impopular presidente Michel Temer por la recesión económica de Brasil.

Haddad considera que “la política actual de represión de las drogas es errónea, injusta e ineficaz” y propone “examinar las experiencias internacionales (…) de despenalización y regulación del comercio”, además de mejorar la política de control de armas y municiones e integrar los servicios de inteligencia.

Su apuesta económica apunta a interrumpir las privatizaciones y volver a imponer la participación gubernamental en Petrobras.

En cuanto a la corrupción, el mayor problema que hereda de las figuras de Lula y Dilma Rousseff, promete “una transparencia cada vez mayor”. Sin embargo, asegura que “el combate contra la corrupción no puede servir para criminalizar la política”.

Por otro lado, sus adversarios utilizan la imagen del encarcelado mandatario para despertar desconfianza en el electorado y lo acusaron de tener planes para indultar al ex presidente si gana los comicios, a lo que respondió que no lo haría.

Sin embargo, y de todas formas, el respaldo de Lula le da a Haddad el impulso para llegar a una segunda vuelta, la que ganaría con un 45%, según las últimas encuestas.


Jair Bolsonaro

Jair Bolsonaro

El ex capitán del Ejército y legislador durante siete períodos, Jair Bolsonaro, ha dado impulso a su campaña sacando provecho de la profunda intranquilidad en Brasil, que vive las secuelas de un escándalo de corrupción y tiene un magro crecimiento luego de una prolongada recesión.

Bolsonaro, con un 30% de intención de voto en primera vuelta, según la última encuesta de Datafolha, ha manifestado en repetidas veces nostalgia por la dictadura militar de 1964-1985 y ha prometido darle a la policía permiso de disparar primero y preguntar después.

En este contexto  ha convertido el combate a la delincuencia en una pieza central de su campaña. Sus principales propuestas son: fin a la reducción de pena, garantía a la legítima defensa, reducción de la mayoría de edad penal a los 16 años y mayor inversión en tecnología e inteligencia en materia de seguridad.

Como candidato de derecha, el ámbito económico no queda fuera de su estrategia y propone privatizar las empresas con pérdida, junto con la creación de un único Ministerio de Economía, unificando Hacienda, Planificación e Industria y Comercio.

Aunque cuenta con muchos partidarios, el “Trump brasileño” es una figura muy polémica. Ha sido multado, e, incluso, enfrentado cargos, por declaraciones peyorativas hacia las mujeres, los negros y los homosexuales, y ha prometido crear un gobierno con líderes y ex líderes militares.

Miles de brasileños salieron a las calles el sábado para protestar contra su candidatura, que es débil entre las mujeres. Las protestas se llevaron a cabo el mismo día en que Bolsonaro fue dado de alta de un hospital luego de ser apuñalado el 6 de septiembre durante un mitin de campaña. Las encuestas prevén que si llega a segunda vuelta, pierda con un 39% de apoyo frente a Haddad.


 

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