El Diario de Lorenna: No quiero. O mejor sí, voy a entrar al estadio

Por Lorenna Piere

Querido diario:

“No quiero entrar al estadio de Boca Juniors”, me dijo mi novio. Así que le respondimos al guía que íbamos a quedarnos afuera conociendo el barrio. Salimos del autobús, cruzamos a la acera de al frente y vimos que no había mucho que conocer.

Entremos al museo a ver y fue cuando caí que en realidad, deseaba conocer el estadio. No es que soy fanática del fútbol, pero ya estaba ahí. Aparte de que las posibilidades de que volvería a estar en ese lugar eran remotas.

Pensé: ¿Y por qué quedarme sin verlo?. En otro instante me hubiese quedado con las ganas, porque puedo ser extremadamente complaciente. Por alguna razón, en esta ocasión lo hice distinto. Le dije que sí deseaba entrar, a lo que respondió que lo que quisiera. Que me esperaba.

Lo que me sorprendió es lo que me costó tomar la decisión. Al salir del campo deportivo (que de paso te confieso que no me sorprendió para nada), me quedé meditando sobre varios factores.

El primero fue mi razón para responder que prefería quedarme. Tantas veces que elegimos la respuesta que sabemos le va a agradar al otro, en vez de aquella que va acorde con nuestra voluntad. Y claro, está bien complacer. Lo que me chocó es que mi “no” salió automático, pues estaba segura de que así iba a coincidir con él; con mi pareja.

El segundo factor que analicé fue mi indecisión, porque dije “no”, después “sí”, seguido de un “no importa”, hasta llegar al “me gustaría”. Me impresiona como nuestro subconsciente puede llevarnos a creer que está mal que queramos algo distinto a nuestro ser querido o al resto. Es una lucha constante.

Lo tercero sobre lo que medité fue lo que respondió Jacinto… me dejó hacer lo que anhelaba. Me ha costado tanto aprender que quien te quiere no te hace prisionero de sus expectativas.

Veo muchas duplas luchando por no ser arrastrados unos por otros. Mujeres presas en sus relaciones, haciendo solo lo que su amado entiende es correcto. Hombres con relaciones construidas en sus mentes, llenas de expectaciones. Cuando lo más hermoso en un dúo es la libertad de dejar al otro ser.

Ojo, fíjate que arriba resalté la importancia de complacer. Sé que las relaciones personales solo pueden darse si cedemos. Lo que pasa es que hay una diferencia entre ceder, saber que estamos complaciendo…, a suprimir nuestros gustos o ideales por los demás. Lo distinto es que en uno lo haces queriendo, y en el otro terminas perdiendo quien eres… en ese segundo abandonas el ser.

¿Y el último factor? Como te dije, el estadio no era impresionante, pero el dinero que gasté, el tiempo que utilicé, fue el mío. Las consecuencias de mis acciones son mías. Por eso debemos procurar que lo que nos mueva a actuar sea nuestro corazón y no el del otro, porque los resultados caen sobre quien decide.

Así que, hazle frente al episodio, asume tu vida y busca a un buen o buena acompañante. Alguien que te estimule, en vez de cortarte las alas.

Soy producto de las decisiones que tomo #PoderCorazon


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