Embarazo y emociones: cuando las hormonas entran en juego

Una etapa en la que los cambios repercuten en la mujer.

Por Nuevamujer.com

Todas, absolutamente todas las mujeres coinciden en el ‘el amor a un hijo es el más grande, pero también es una de las mayores preocupaciones que pueden ocurrirle a una mujer’, pero qué sucede antes, cuando el bebé aún está en el vientre, cómo se inicia la relación entre el bebé y la madre.

En entrevista para nuevamujer.com, la doctora en psicología Mildevia Argelia Viveros Paulín, Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Intercontinental, habló sobre los retos psicológicos a los que se enfrentan las mujeres en el embarazo.

Desde que una mujer está en en un periodo de gestación va manifestar una serie de cambios hormonales que también están ligados a los cambios psicológicos. Uno de los primeros cambios es la imagen corporal, el cuerpo sufre una serie de transformaciones que causan sentimientos de extrañeza porque te estás vinculando en algo crece dentro de ti y que va generando alteraciones en tu imagen corporal que poco a poco van adaptándose.

De alguna manera se generan expectativas alrededor de cómo va a ser tu bebé, pero también se hacen presentes elementos regresivos en una persona que está embarazada. Es decir, de alguna manera se contacta con su propia maternidad, con la relación que tuvo con su madre, se comienzan a mover una serie de emociones, éstas tienen que ver con sentirse más vulnerables. Durante la gestación se tiene un sentimiento de vulnerabilidad. Al tener movimientos regresivos, es decir, sentirse desprotegida pues no está cuidando sólo su vida sino la de alguien más.

Las mujeres se enfrentan ante una serie de fantasías relacionadas con el bienestar del bebé, si éste nacerá bien, nacerá completo. Hay muchos temores alrededor de un posible daño. Esas fantasías generan culpa, son normales, pero si una mujer no tiene un adecuado equilibrio emocional o psicológico van a ser situaciones que se disparen.

Hay mujeres que llegan a presentar depresión post parto, cabe destacar que no todas las mujeres la padecen, porque hay una serie de cambios psicológicos. Uno de ellos tiene que ver con la fantasía y la ansiedad de no ser una madre suficientemente buena. Hay una serie de elementos importantes desde el embarazo, las fantasías, los sentimientos de destrucción sobre el producto, los temores de ser una buena madre, de poder lograr un puente de comunicación con el bebé. Un recién nacido no habla no expresa.

Tener un hijo, en palabras de la psicóloga, implica una renuncia narcisista en la que semejan de lado la necesidades de la madre para alcanzar a ver las del otro. Por ejemplo, no puedo calmar a un bebé sólo porque a mí me angustia, tengo que escuchar el llanto del bebé y entender qué es lo que me quiere decir ese llanto.

Tiene calor frío, hambre, comenzó una mamá tiene que descodificar muchos mensajes, en paralelo se ve sometida a mucha presión social en la que debe lidiar con la idealización de la maternidad en la que hay comportamientos esperados de cómo de ver una madre.

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