El Diario de Lorenna: Paciencia… ¡Que todo llega!

Por Lorenna Piere

Querido diario:

Tenía mucho haciendo la misma oración: Señor, dame un respiro. ¡Dame una señal para saber que estoy en el camino correcto! ¡Para saber que estás ahí! Sostenía una y otra vez esa comunicación desesperada con Dios. Tenía mucho tiempo estancada, esperando ese cambio, aunque fuese en un área de mi vida.

No sé si te había dicho que soy cristiana. No es algo que pongo mucho en papel porque sé que fallo constantemente, y siento que mis faltas pudieran convertirse en piedra de tropiezo para otros. Siento que serlo me queda grande. Te lo confieso.

Es por mi Fe que mi principal arma para enfrentar cualquier situación es la oración. Sé que es una de las principales herramientas que nos regaló Dios para, mostrando nuestra dependencia a Él por medio de ella, podamos encontrar las soluciones o respuestas que tanto anhelamos.

El punto es que yo estaba muy cargada. Estaba en esos años de mi vida donde no daba ni para atrás, ni para adelante. Cualquier área de mi vida que me llegara a la mente me generaba ansiedad. En una de las tantas conversaciones que tuve con mi amiga Aura Rosa sobre el tema llegué a la conclusión de que “no estaba evolucionando en nada porque el Señor entendía que debía trabajar mi paciencia”.

Aunque en ese instante hice el comentario como una broma, hoy creo que no estaba lejos de la realidad. Porque ha sido este periodo en el que tuve que confiar más en Dios y su tiempo perfecto. En estos años aprendí la importancia de soltar el control, de disfrutar el proceso y de esperar que todo fluya.

“Aguanta, aguanta Lorenna”, me decía. En ocasiones lo entendía y vivía feliz. En otras me quebraba en llantos; y por momentos me llenaba de ira. Estos eran los instantes más peligrosos, porque entonces terminaba descargando esa rabia en otros.

A veces me refugiaba en libros, otras en películas, buscaba el apoyo de amigos, de todo. Luego quise profundizar en mí, porque no sabía cuanto tiempo más iba a estar así… y estaba cansada de mis quejas. Ahí  fue cuando arranqué talleres, consultas, experimentos laborales, etc.

De pronto, aunque podía estar estacada en diversas áreas, se sentía diferente. Fueron desapareciendo los llantos, disminuyendo las quejas, bajando las reacciones airosas, todo. Un proceso largo que por fin estaba produciendo sus frutos.

De repente las oraciones con peticiones fueron cambiadas por reconocimientos de fallas y agradecimiento por todas las bendiciones. Mi corazón sufría una transformación que apenas empezaba. Me di cuenta porque ya los comentarios en las redes tenían como factor común “irradias paz”.

Claro, y mientras más profundizo en mí, reconfirmo que este proceso nunca acaba. Pero me alegro tanto de haberlo iniciado. Y le doy tantas gracias a Dios porque sé que me puso en el camino los instrumentos para que me diera cuenta de que era hora de permutar.

Ahora, cada vez que hablo con alguien que está angustiado le hablo de mi experiencia. Conecto con esa desesperación que debe ser transformada en una oportunidad para nosotros trabajar en ser nuestro mejor yo.


La paciencia no es esperar, es saber esperar. #PoderCorazon

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