El diario de Lorenna: Todo cambia de un instante a otro…

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

“Mujeres, quiero que nos juntemos, porque tengo cosas que contarles”, escribí en el grupo de WhatsApp de mis amigas menos cuerdas (tengo varios así). Ellas inmediatamente se pusieron nerviosas.

Unas me hablaron en privado a ver si sacaban alguna información de mí, otras mantuvieron el silencio porque no sabían como abordarme. O quizá estaban tan metidas en su mundo, que ni leyeron mis palabras.

Por dos semanas intentamos reunirnos todas, pero se nos hizo imposible. Las agendas cruzadas de las mujeres se convierten en el verdadero reto de la Nasa para conseguir que coincidas en una misma hora y fecha.

Como no hablaba por ninguna vía, varias llegaron a la conclusión de que lo que les tenía que decir era “o que estaba embarazada o que tenía fecha de boda”. Pasaron de querer almorzar, a detectives 24 horas.

¿Y sabes cuál era mi real intención? Que pudiéramos compartir como hacía mucho no lo conseguíamos. Extrañaba a mis amigas. Aparte de que habían estado en los momentos complicados de mis últimos años. Anhelaba verlas para brindar por la vida que hemos construido juntas. ¡Todas teníamos acontecimientos que nos había sacado una sonrisa en las últimas semanas!

Era simplemente hacer ese ejercicio de actualización que debería primar entre las personas que se quieren. Pero la vida se va complicando, y nosotros con ella. Comenzamos a cambiar nuestras prioridades debido a las responsabilidades que asumimos.

Yo misma, aunque muchas veces necesité un rato de desahogo con mis seres queridos, lo postergaba porque “tengo mucho trabajo pendiente”. O el cansancio se apoderaba de mí y prefería irme a dormir unos minutos, antes de tomarme una tasa de café con mi amiga.

Lo entiendo. Vamos sintiendo la presión del tiempo.

Sin embrago, como he estado desde my joven en ese lugar donde no hay espacio para respirar, la vida me ha enseñado que las personas que quieres se van, que todo se transforma en un abrir y cerrar de ojos. Y que si no aprovechamos para disfrutar de las pequeñas y las grandes cosas con los seres maravillosos que nos rodean, nos perdemos de lo realmente importante.

Recuerdo cuando tenía cuatro trabajos de manera simultánea. Era tanto la carga, que pude ahorrar en un año a ese ritmo, lo suficiente para vivir nueve meses en España.

Sé lo que es quedarse dormida de pie, faltar a compromisos que duele ausentarse, comer y cambiarse en el carro, estar irritable porque no puedes con el estrés; sé que se siente. También sé lo que es vivir lejos de las obligaciones y los horarios poco flexibles.

Aprendí que lo que quiero es una vida en equilibrio. Porque entendí que necesito actividades productivas para llenar mis espacios. Y que debo tener tiempo para demostrarle mi cariño a los que quiero cerca. Estoy enfocada en ello.

Ya sé que esa armonía nace de dos elementos: mi confianza en Dios y mi espíritu de agradecimiento. Pues mi confianza en Dios me ha quitado la ansiedad que me genera no saber que pasará después. Y mi corazón agradecido me lleva a ver el mundo lejos de la queja. ¡Me permite gozarme el ahora!

Sé que todo es un proceso. A mí costo aprenderlo; todavía tengo mis días donde me dejo arrastrar por la corriente. Hasta que me doy cuenta que esta vida es corta y que lo que cuenta es los ratitos compartidos donde le dejamos lo mejor de nosotros a los demás.

Lo mejor de mi vida es estar en la tuya

#PoderCorazon

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