2018: El año de la representación

Mostramos cómo este año fue el que reivindicó a la moda como un ente consciente con la realidad. Aunque en 2018 siguieron predominando los revivals y propuestas tendientes hacia la complejidad en los looks, no se dejó de lado lo político, ni mucho menos lo representativo. De hecho, este año hubo varias historias que mostraron el poder de las redes sociales y el consumidor para cambiar la percepción de la moda, las marcas y la imagen. Estas fueron las más notables.

Por LUZ LANCHEROS

Dolce & Gabbana, el fin del viejo mundo

Dolce & Gabbana

Ya era anunciado. Aunque la firma siciliana seduce con su universo estético, los comentarios venenosos de Stefano Gabbana hacia muchas famosas y su abordaje ultra conservador hacia temas como la adopción LGBTI llegaron al punto máximo con el comercial ultra racista que hizo la marca de lujo en China, haciendo que una modelo tratara tontamente de comer con palillos comida italiana.

La explosión e indignación en redes parecía ¬–como siempre– no afectar a Stefano Gabbana, hasta que se filtraron conversaciones donde el diseñador, en su tono desdeñoso, reafirmaba su racismo y se despachaba contra el país del mercado que quería conquistar.

El desfile se canceló y se boicoteó la firma de forma real, con productos incluso siendo retirados de las tiendas. Esto marca un antes y un después en la historia de la moda, ya que antes, comportamientos como el de John Galliano (quien se despachó contra los judíos totalmente ebrio en 2011) fueron castigados por su misma casa empleadora. En esta ocasión se vio todo el poder del consumidor y las redes sociales.


Victoria’s Secret, el empeño por mantener el pasado

Victoria’s Secret,

Tal y como lo dijo la crítica de moda Robin Givhan, el desfile de la famosa marca de lencería es tan aburrido, que ni siquiera vale la pena debatirlo. La que otrora fuera una marca referente de belleza a nivel global, se empeña en ser excluyente. Prueba de eso fueron los comentarios de Ed Razek en contra de poner modelos trans en el desfile e incluso, por no cambiar el patrón corporal en lo más mínimo. Desde 2014 han existido boicots virtuales contra la marca por no abrir sus estándares y sus otros competidores, al menos en Estados Unidos, le han apostado a la inclusión y se han apropiado de su mercado. La marca sigue generando titulares por sus modelos, pero se ha quedado corta ante las demandas de estos tiempos.


La moda sigue siendo un manifiesto político

manifiesto político

Desde 2016, con el movimiento viral #PantSuitNation, las mujeres mostraban la moda como estamento político, identificándose con las sufragistas y con Hillary Clinton. Luego, para 2017, hubo pasarelas y marcas identificadas con The Women’s March y para este año, marcas como Diane Von Furstenberg invitaban a votar en las legislativas de EEUU (así como varias famosas), y Nike se empoderaba con el deportista Colin Caepernick (de hecho, muchos seguidores de Trump quemaron sus tenis en protesta por la propaganda del jugador de fútbol americano, ícono de la lucha por la discriminación racial hacia la comunidad afroamericana). Las marcas tienen claro que hoy ya no pueden apostar por el privilegio blanco hegemónico.

 

 

 

 

 


La moda sí influye en tu voto

voto

O así quedó revelado en el escándalo del robo de datos para la campaña de Trump. Christopher Wylie, quien trabajó en Cambridge Analytica y desde donde se recolectaron datos de forma fraudulenta de más de 50 millones de usuarios, contó en Business of Fashion que usó un algoritmo que cruzó marcas como Nike, Armani y Louis Vuitton para segmentar a los votantes. Estos datos ayudaron para construir una imagen más favorable de Trump y construir otra extrema derecha alejada de lo tradicional. Wylie ahora trabajará para H&M.


Política y celebrida

Política y celebridad

Se vio con el manifiesto de usar negro en los Globos de Oro, también con videos como el de “This is América”, de Childish Gambino, que cuestionaba el uso de armas en la sociedad estadounidense, así como el slutshaming que recibió Miley Cyrus y que critica en su video “Nothing Breaks Like a Heart”. Kim Kardashian hace uso de su poder de influencia para convencer a Donald Trump de perdonar a una anciana condenada injustamente, Alice Marie Johnson, por un delito de drogas y estudia la reforma del sistema penitenciario. Beyonce y su esposo, Jay Z, por otro lado, se preguntan por la identidad negra en la historia del arte en su carísimo video en el Louvre, “Apeshit”.


 

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