El Diario de Lorenna: Cuando la ansiedad toca tu puerta

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

Cuanta ansiedad. A tal punto tal que escribir en tus páginas se me está dificultando. Es normal. Aunque he trabajado mucho mi relación con Dios y depositar mis cargas sobre Él, me queda toda  esa parte humana que me lleva al limbo.

Mi termómetro es las piernas. Cuando estoy estresada comienzo a moverlas de manera repetitiva. Al notarlo, ya sé que debo decirme a mi misma: todo va a estar bien porque Dios está en control. Obvio que bajan las revoluciones.

Pero es una materia que no he pasado todavía. ¡Estoy en el módulo 102! Es que la mente es muy poderosa, te comienza a enseñar un mundo caótico, y nosotros le creemos el cuento.

A veces es nuestro deseo de completar expectativas, ya sea las nuestras o las de otros. El punto es que, aunque lo trato, sigo viviendo periodos de ansiedad.

¿Y cómo que la mente te enseña un mundo caótico? Te voy a poner un ejemplo, querido diario. Hace unos días tuve un intercambio de mensajes con un ser querido, que concluyó sin respuesta de su parte.
Yo comencé a imaginar tantas cosas. Inclusive ya tenía posibles soluciones a los problemas que había originado en mi cabecita. Le doy importancia a las pequeñas y grandes cosas, ahí inicia el sentimiento ansioso.

El punto es que tomo fuerzas para escribirle a mi amigo (puedo ser mejor enfrentando los conflictos a través de una pantalla)… Mi idea era escribirle un listin, presentando mis disculpas por cualquier ofensa o malentendido. Me limité a decirle que me quedé preocupada por su manera de cerrar el tema. Mi amiga responde: ¿de qué me hablas? O sea, ella no tenía ni idea. Nunca tomó a mal mis acciones o palabras.
Todo fue resultado de mis fantasías. Generé desasosiego. Y todo estaba en mi mente. Todo. Ahí respiré, pues los conflictos me ponen mal. Y caí en que soy responsable de la mayoría de mis preocupaciones.

Me baso en mis ideas locas, en el futuro incierto, en aquello que no pasó, en todo lo que puedo suponer. Hasta terminar turbada.

A partir de ahora deseo trabajar en ello. Quiero tener la capacidad de callar mi mente, hasta tener esa conversación con ese alguien, que seguro caerá sola. Claro, si sé que hice algo incorrecto, debo abordar de una vez, así evito que el conflicto crezca. A lo que me refiero es a esas veces que “no sabemos y creemos que sabemos”.

A partir de hoy trabajaré en aprender a andar aún más ligera. Entender que si pasa algo se resolverá. Y que si no se resuelve, es porque esa persona no llegó para quedarse. Que esa persona andaba de paso, con el único fin de enseñarme una pieza que faltaba para mi crecimiento.

La ansiedad es la mente yendo más rápido que la vida. #PoderCorazon

Loading...
Revisa el siguiente artículo