El Diario de Lorenna: El orden de los factores sí altera el producto

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

Todos tenemos prioridades. Y la escala que establecemos no necesariamente es la misma. Sé que hay una repartición ideal para ser más pleno, pero eso no significa que la humanidad siga el mismo librito.

Hay personas que tienen en primer lugar el trabajo. Son esas que ocupan sus horas con tareas. Aquellas que tienen grandes sueños, aparte de un plan bien copioso para poder conseguirlo. Según mi querida Janis, suelen ser seres que están evadiendo sus emociones con cargas laborales. Tienen algo que demostrar, que solo ellos saben qué o a quién.

Están las que ponen en primera instancia a su familia. Esas que desean tener su pareja y sus hijos, más que cualquier cosa. Y en muchas ocasiones se ven obligados a sacrificar su meta profesional, por poder conquistar ese hogar. Especialistas opinan que son personas que quieren construir eso que no tuvieron.

¿Y las que ponen por encima de los demás a la pareja? No es lo mismo que familia. Aquí estamos enfocados en el ser con el que entendemos lograremos el equipo perfecto. Aquí supuestamente se encuentran aquellos que tienen miedo a ser vistos en su totalidad.

También tenemos a los que eligen constantemente a los amigos, y los convierten en su apoyo principal. Muchas veces buscando esa aprobación que no consiguieron de sus padres. Y claro, no pueden faltar los que se ponen a si mismos en el pedestal. Los demás, “que le caigan atrás”.
Es con el paso de los años que vamos viendo el lugar correcto de cada cosa, dentro de nuestra pirámide de prioridades. Y luego de que vemos un poco más clara la respuesta, entonces llega el reto de respetar el orden de los demás. Hay quienes nunca llegan a ese punto

En estos días he tenido que enfrentar fuertes retos en ese sentido. Soy de esas personas que se ‘despatilla’ por el otro. Como lo hacía (o lo hago, porque el cambio no ocurre de un día para otro) desde la necesidad, entonces me molestaba cuando alguien no reaccionaba igual que yo.

Eso me confrontaba mucho. Mi dar no era genuino. Porque buscaba algo a cambio. Es nuestro inconciente que nos pone en esa posición incómoda. Y luego viene el conciente a querer justificar nuestra “mala calidad de amor” usando como excusa que “nosotros nos merecemos eso”.

No, estamos llamados a experimentar un amor divino, o por lo menos intentarlo. En ese ejercicio estoy. Cada quien dará a su medida, según su orden. Debemos aceptarlo. Debemos soltar. Debemos dar sin ganas de cobrar.

Ahí sí vamos a necesitar poner a Dios en primer lugar, porque solo cuando comprendemos que nos lo da todo a pesar de que le fallamos constantemente, es que asimilamos el dar sin recibir. Quien nos perdona una y otra vez. Quien lo dio todo por nosotros, aún cuando no lo merecíamos. Cuando entiendes eso, llegas al mejor orden de prioridades.

Cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen fáciles. #PoderCorazon

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