El Diario de Lorenna: Las altas expectativas que se roban mi paz

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

Quiero que todo quedé perfecto!, le dije a Nadine. Me respondió que ese era uno de mis problemas, que me pongo una vara muy alta. Ella es quien me ha permitido vivir una de las experiencias más increíbles de mi vida: coaching con caballos.

En mi tercera sesión sigo descubriendo verdades sobre mí. En esta ocasión pude verla cuando me tocó cruzar unos obstáculos junto al caballo y ambos elegimos el tramo más alto del tronco.

Me presiono demasiado, quedó comprobado. Y como todo, tiene una raíz. Desde el colegio sentía la necesidad de ser sobresaliente. Cuando lograba buenas calificaciones, mis padres se ponían muy contentos. En mi casa era un dolor de cabeza ver las notas, quizás por eso se ponían tan felices.

Creo llegué a asimilar el recibir amor con hacer las cosas bien. Quizás entendía que la responsabilidad sobre ser esa “hija ideal” caía sobre mí.  A eso Janis le llama “la hija expectativa”. Aunque en mi familia todos teníamos debilidades y fortalezas muy marcadas; se les exigía mucho a cada quien.
Puede que si hablas con mis hermanos te expresen ese mismo deseo de ser “el orgullo de sus padres”. El punto es que hacer lo que sea bien es importante para mi.
Así que, después de verlo tan claro, comencé a implementar varias medidas para ir trasformando mi carga a menos pesada.

Lo primero ha sido pedir ayuda. Soy una mujer capaz, como escribí en las páginas anteriores mi querido diario. Pero soy humana, ni estoy reparada en todas las áreas ni tengo la capacidad de estar en varios lugares a la vez y tampoco mis días tienen más de 24 horas.

Lo segundo ha sido organizar mis prioridades, para saber a qué le pondré más empeño. Así evito colapsar en medio de la confusión. Lo tercero ha sido decirle a los demás: estamos aprendiendo juntos. De esa manera me muestro vulnerable frente a los otros, consiguiendo que el esfuerzo sea compartido.

Lo último, y no menos importante, le estoy entregando cada mañana todo a Dios. Me digo a mi mismo “no tienes el control. Lo tiene el Señor. Y su voluntad es buena, perfecta y agradable”.

Ah, me falta una medida más. Cualquiera que venga a subir mi vara otra vez, solo respiro y respondo que sí a todo. Al final, las personas tienen en tu vida el poder que tú les das. Ya yo tomé mi decisión, ¿y tú?
Es imposible cumplir con las expectativas de todos, incluyendo la nuestra.

La felicidad es mejorar tu realidad o bajar tus expectativas. #PoderCorazon

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