Príncipe árabe habría muerto en medio de una orgía y drogas

El heredero era un destacado diseñador de modas y pertenecía a una de las familias más ricas de los Emiratos Árabes

Por Sebastián Foncea [email protected]

Dicen que el dinero no hace la felicidad, pero… ¡por Dios que ayuda! Y así, como “muy feliz” recuerdan sus amigos londinenses a Khalid Al Qasimi, el segundo hijo del jeque Mohammed Al Qasimi, del emirato de Saraj, que falleció en medio de una orgía de sexo y drogas en el marco de una fiesta “chemsex”, según informaron medios británicos.

Príncipe árabe

Al Qasimi habría corrido la misma suerte que su hermano mayor, Mohammed bin Sultan Al Qasimi, que murió en 1999 producto de una sobredosis de drogas en medio de un malón del primer mundo.

Desde los nueve años que Khalid Al Qasimi vivía en Reino Unido y había adoptado todas las costumbres del lugar; estudió arquitectura, español y francés en la Universidad de arte Central Saint Martins, y como no tenía problemas para llegar a fin de mes, decidió dedicarse a la moda.

En las pasarelas tuvo un rápido ascenso desde el 2016 con su marca “Qasimi”, porque creaciones suyas fueron expuestas en los mejores eventos de Europa, como la semana de la moda de Londres y París. La vida le sonreía, pero, aparentemente, los excesos le pasaron la cuenta durante una fiesta que dio en su lujoso departamento del barrio de Knightsbridge.

La policía recibió la alerta cuando ya los rayos del sol iluminaban Londres, y los agentes que fueron a la emergencia se limitaron a constatar que el cuerpo del príncipe estaba sin vida. La autopsia se realizó en tiempo récord, pero sus resultados no fueron difundidos.

El fallecido fue trasladado rápidamente a Emiratos Árabes, donde se decretó un duelo oficial de tres días con banderas a media asta. A su funeral, asistieron miles de personas.

Fiestas chemsex

Según el diario El Confidencial, las fiestas chemsex son frecuentadas tanto por hétero como homosexuales, y la mayoría de sus asistentes consume grandes cantidades de droga y alcohol. Lo normal es que duren más de dos días y se hacen en casas particulares, se arriendan hoteles o viviendas rurales, y muchos de los asistentes acuden acompañados de trabajadores sexuales.

“El número de participantes no suele ser mayor de diez. A veces se reúne sólo una pareja, empieza y va llamando a más gente. Lo anuncian en redes sociales y quien quiera y reúna los requisitos, se matricula. Edad, condiciones físicas, tamaño de los genitales… Cada uno pone las condiciones que quiere. El físico importa siempre, sin foto no vas a ningún lado. Yo mismo no invitaría a nadie sin verlo, pero cuando estás colocado (drogado) tu límite de preferencias físicas se amplía bastante, llega un punto en el que te da todo un poco igual”, explicó un asistente a las fiestas.

“La fantasía de todo el mundo es que tu casa se llene. Nadie es tan guapo, la gente es normal”, declaró en el artículo otro joven.

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