Maduro sepultó sin consentimiento a militar asesinado por torturas

Deudos de Rafael Acosta querían enterrarlo en su cuidad natal, pero las autoridades lo hicieron a la fuerza en Caracas, y acusan que no los dejaron ver el cadáver

Por Sebastián Foncea

El capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, quien murió luego de ser detenido por miembros del servicio de contrainteligencia militar, fue sepultado en Caracas por orden del gobierno ignorando los deseos de sus familiares que habían pedido sepultarlo en la ciudad de Maracay, de donde era oriundo.

Acosta Arévalo falleció el 29 de junio una semana después de ser apresado en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), acusado de estar vinculado con un supuesto complot contra el gobierno.

El cuerpo ayer salió de la morgue, doce días después del asesinato, sin que la familia o los abogados pudieran tener acceso al cadáver para constatar su estado. Tampoco pudieron hacer una autopsia independiente, pero uno de sus abogados reconoció que el procedimiento forense hecho por el Estado sí refleja la realidad de lo ocurrido.

Los restos fueron trasladados hasta un cementerio ubicado al este de Caracas con escolta policial y equipos antimotines. El lugar también fue cercado por funcionarios armados.

Alonso Medina Roa, abogado de la familia de la víctima, calificó el procedimiento como “una inhumación controlada”. Luego dijo que la actitud del gobierno fue: “Yo lo maté, y yo lo entierro”.

Abogados y familiares denunciaron que Acosta Arévalo fue sometido a torturas durante su reclusión, y como prueba de ello señalaron que un día antes de su muerte el militar fue presentado en silla de ruedas en un tribunal con numerosas excoriaciones, hematomas y restos de sangre en las uñas. S. Foncea

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