Porque es muy duro pasar Sudamérica en bicicleta

La historia de Victoria Garavito, una colombiana que cruzó el continente en dos ruedas, en una historia de amor, drama y superación personal

Por ROMÁN GÓMEZ Metro World News

En tiempos en los que todos estamos pegados a la televisión, apoyando a nuestros ciclistas en Europa, muy cerca en Bogotá hay una historia que debe ser contada. Victoria Garavito Calderón, hoy con 23 años, hace tiempo decidió tomar su bicicleta y junto a su pareja emprender lo que sería la travesía de sus vidas.

Vicky y Mauricio salieron con destino a Santiago de Chile para demostrar su pasión por la bicicleta, pero al cruzar Ecuador, la zona árida de Perú y el desierto de Atacama, en el norte chileno, su ambición fue mucho más voraz.

“Por situaciones de la vida y cosas que encontramos nos dimos cuenta de que podíamos dar más de nosotros y que la meta se empezaba a quedar pequeña. En Santiago dijimos: ‘Si está acá Argentina, ¿por qué no ir?’”, manifiesta Victoria. La decisión fue, en vez de pegar la vuelta, recorrer todo el continente.

Hasta allí el viaje había sido placentero. Cuando querían detenerse por una foto, lo hacían. La rutina los tenía bien despiertos cada día a las 7:00 a.m. Allí empezaban a pedalear, sin importar el frío, el calor, o las vicisitudes que pudieran presentarse en la odisea. Sin embargo, estar 24/7, con una persona no es nada fácil y los problemas personales afloraron.

La ruptura

La historia de amor entre Victoria y Mauricio flaqueó. A su llegada a Santiago ambos decidieron continuar cada uno por su lado. El destino de Vicky era la Patagonia, a donde se animó a ir sin apoyo ni compañía.

“Una vez terminada nuestra relación, me fui hasta el sur de Chile, en la mitad de la Patagonia. Estuve por allí 15 días. Crucé por la isla Chiloé. Como se separa del continente, tuve que pasar por un ferri. Se siente mágico, porque es una isla fría, las temperaturas llegaban a niveles muy bajos”, recuerda.

Luego de ver que sola era capaz de continuar con su sueño, Victoria y Mauricio decidieron darse una segunda oportunidad y juntos cruzaron la cordillera que dividen Chile de Argentina, a puro pedal. Durante tres meses, recorrieron el país gaucho, sin entrar a Buenos Aires por una filosofía de vida que tienen los viajeros: “Cuando tomas esta vida, quieres mantenerte lo más alejado posible del bullicio y de las ciudades grandes”, afirma.

No obstante, en el frío bonaerense, el amor entre ambos llegó a su punto más gélido y esta vez sí decidieron alejarse, sin saber si la vida los reencontraría otra vez, o si ahora era un adiós definitivo.

Un nuevo amor

El siguiente destino en la bitácora era Uruguay. Victoria, huyéndole al frío, pedaleó en la montaña y cruzó el país oriental con la ilusión de encontrar calor en Brasil. Sin embargo, el sur de la enorme nación de habla portuguesa la enfrentó con la realidad. Ella desconocía que allí todavía el frío calaba los huesos y que se vivían con intensidad las cuatro estaciones, sobre todo el invierno.

Congelada, su espíritu se calentó con una nueva ilusión. En la ruta encontró a otro viajero de bicicleta, colombiano por cierto, con el que entabló una relación sentimental.

“Fluyó todo y estuvimos viajando un mes, todo iba bien”, recuerda con cierta sonrisa mirando a lo lejos en su memoria. No obstante, la historia al final no funcionó. En la isla de Florianópolis todo acabó de forma abrupta.

“A él le salió una llamada y tenía que regresar a Bogotá por cosas de trabajo. Pero yo no quería regresar. Él me hizo una propuesta, pero no acepté. Lo tomé muy tranquila y le dije que seguía en mi sueño”, asegura.

Tentando a la muerte

Para fortuna de ella, nunca perdió contacto con Mauricio. Sola, se asentó en Florianópolis por un tiempo, trabajando en proyectos de ecoambiente. Él la llamó y aunque también había compartido con otra pareja, lo volvieron a intentar. Juntos trabajaron por un tiempo y una vez más emprendieron el viaje camino a casa, pero llegar a Bogotá no sería fácil.

Varias veces, Victoria tuvo en riesgo su físico, incluso se topó con la muerte. En Paraná, escalando una montaña, un resbalón le provocó un esguince de tobillo y ser rescatada en helicóptero 17 horas después.

Sin embargo, la verdadera situación mortal ocurrió en la playa de Capao da Canoa: “Ingresamos y la bandera de precaución no estaba. Poco a poco nos empezó a llevar la corriente. La playa se veía cada vez más pequeña. En un momento, acepté que iba a morir, pero Mauricio me dijo: ‘Vicky, no, dalo todo, ya vienen los salvavidas’. En realidad ya estaba resignada a morirme, pero por fortuna, nos rescataron”, relata ahora que vivió para contarla.

Luego de esa historia, su encuentro con un yacaré (especie de caimán) en las rutas de Paraguay fue menos dramática, o al menos eso asegura. “El animal se nos quedó viendo, no nos atacó, se quedó en su lugar. Por fortuna, un camión pasó tan rápido que el yacaré se asustó y salió corriendo de allí. Nunca sentimos el miedo de que el animal tuviera ganas de atacarnos, a veces parecía dormido”.

Atrás quedó Paraguay, entre lagartos y temperaturas por encima de los 45 grados, buscaron camino a casa. Bolivia, Perú y luego Ecuador, donde fueron invitados al Foro Mundial de la Bicicleta, hicieron parte de su recorrido final. A partir de allí, llegó el sentimiento de volver a casa, al cruzar la zona selvática en Colombia.
Bogotá al fin, tras un año y ocho meses, Vicky gritó ‘victoria’, al conquistar un sueño que tendrá continuación.

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