Las fantasmagóricas historias de Nueva York

Campanadas, llantos infantiles y recuerdos de aplausos en vida. Los espíritus neoyorquinos residen en iglesias, bares, callejones y hasta clases universitarias.

Por Sarah Yáñez-Richards Metro World News

Un actor decapitado, soldados que nunca regresaron a casa, trabajadoras que murieron calcinadas en una fábrica y hasta el propio escapista Harry Houdini (1874-1926) son algunos de los fantasmas que residen en Nueva York y que de vez en cuando se dejan ver o sentir.

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Debido a lo rápido que ha crecido y cambiado esta ciudad muchos de los espíritus que se pasean por La Gran Manzana parecen fuera de contexto, como es el caso de George Frederick Cooke (1756-1812), apodado como “El fantasma sin cabeza”, al que se le ha visto merodear por un callejón del distrito financiero.

Según explicó a Metro la guía turística de “Ghosts, Murders, and Mayhem” (Fantasmas, asesinatos y caos), Elise Gainer, este intérprete británico, que perdió la cabeza para poder financiar sus grandes pasiones: la bebida y el juego, revisita la salida trasera del que era el Park Theatre -teatro en el que actuó en 1810 y que se incendió en 1848-.

La también autora del libro “Fantasmas y asesinatos de Manhattan” detalló que, desesperado por conseguir dinero, el londinense vendió su cabeza a la ciencia mientras hacía una gira por Estados Unidos con la esperanza de que moriría en Inglaterra y nadie le reclamaría su cráneo después de muerto. Sin embargo, al fallecer en Nueva York su plan no funcionó.

Cooke no es el único fantasma decapitado que se deja ver por esta gran ciudad, pues “Gory Rory” (Rory la sangrienta), quien es la anfitriona de “Madame Morbid’s Trolley” (el trolebús de la señora Mórbida), apuntó que hay otro espíritu sin cabeza que se dedica a cruzar el puente de Brooklyn.

Se trata del fantasma de un trabajador que perdió su cráneo en un accidente mientras se construía esta famosa pasarela a finales del siglo XIX. Asimismo, la guía de este tour que recorre Brooklyn en un autobús victoriano señaló que el puente está repleto de fantasmas atormentados por su decisión suicida.

No todos los espíritus que habitan en la gran manzana se dejan ver, son muchos los seres que se perciben por otros sentidos como el oído, el tacto o el olfato.

Ejemplo de ello es el sonido de la pata de palo acabada en plata del director general holandés Peter Stuyvesant (1592-1672) que ha aterrorizado en varias ocasiones a los trabajadores de la iglesia St Mark’s Church in-the-Bowery, en el barrio de Greenwich Village, santuario donde está enterrado su cadáver y donde supuestamente el holandés hasta ha hecho resonar el campanario en medio de la noche.

Por su parte, al espíritu del conde inglés Edward Hyde (1661-1723), quien gobernó en Nueva York entre 1701 y 1708 y era conocido en la alta sociedad por su afición por vestirse de mujer en las fiestas, se pasea por Wall Street para tocarle las orejas a los viandantes.

De acuerdo con Gainer, este aristócrata confesó estar obsesionado con la belleza de las orejas de su mujer, que está enterrada en la iglesia neoyorquina de Trinity. Esta sería la razón por la que Hyde, que murió en su tierra natal, vuelve a Manhattan.

Con la piel de gallina la guía de “Boroughs of the Dead!” (¡Municipios de los muertos!), Katy Wiggins, relató que los estudiantes de la Universidad de Nueva York que asisten a las clases del último piso de la ex fábrica de Triangle Shirtwaist en Greenwich Village huelen humo cuando no hay nada quemándose alrededor y que eso se debe a que en 1911 un fuego causó la muerte de 146 trabajadores -de los cuales 123 eran mujeres-.
Hay fantasmas que prefieren recordar tiempos más felices y reaparecen en un bar, como es el caso de McSorley’s Old Ale House, una de las tabernas más viejas de Manhattan.

Entrar en este establecimiento irlandés es como viajar casi dos siglos atrás. En sus paredes se pueden ver tanto recortes de periódicos de diversas eras, como retratos de casi todos los presidentes de los Estados Unidos o placas de policías; pero lo que más llama la atención son las polvorientas clavículas de pollo que cuelgan de una de las lámparas.

Wiggins contó que el establecimiento regalaba un plato de pollo a los soldados que iban a partir a la Primera Guerra Mundial y que estos, luego de comerse el manjar, colgaban la clavícula del ave -que en inglés se llama wishbones (hueso del deseo)- con la idea de recolectar el recuerdo a la vuelta de la Gran Guerra.

El hecho de que más de un siglo después muchos de esos huesos siguen colgados significa que los militares murieron en Europa. No obstante, la aficionada a las historias de miedo comentó que los asiduos al bar han visto a los espíritus de estos militares cerca de la lámpara.

Pero también hay fantasmas de famosos que buscan tomarse una cerveza rubia o negra -pues es lo único que este local ofrece-, entre ellos el expresidente Abraham Lincoln (1809-1865), que el 27 de febrero de 1860 pasó por el bar para celebrar un exitoso discurso que dio en Cooper Union durante su carrera electoral, o el ilusionista Harry Houdini, quien solía frecuentar el establecimiento.

De acuerdo con Wiggins, el ilusionista húngaro revisita el local en forma de gato, pero la guía del tour “Haunted Manhattan” (Manhattan encantado), Frankie, asegura que ella misma vio al fantasma de Houdini.
“Al verme hablar sola el camarero me preguntó que si le estaba diciendo algo y yo le dije que no, que estaba hablando con ese hombre… y cuando volví a girar la cabeza ya no estaba”, recordó esta australiana asentada en La Gran Manzana, quien, además, detalló que el barman le explicó que han sido varios los clientes que han visto al fantasma de Houdini en ese lugar, pues esa mesa está cerca de unas esposas que el mago donó al local.

La casa más encantada de Nueva York

El museo de Merchant’s House no duda en llamarse la casa más encantada de Manhattan, ya que los gerentes están convencidos que el lugar, donde residió la familia Tredwell hasta 1933, aún cuenta con la presencia de sus ex huéspedes. Sobre todo de Gertrude (1840-1933), la menor de ocho hermanos que habitó la residencia toda su vida.

Son varios los guías turísticos que a los pies de las escaleras del edificio de tres alturas relatan que al final de su vida Gertrude era muy cascarrabias, por lo que solía reñir a los niños que jugaban en su calle y que fueron varios los muchachos de este barrio de NoHo que contaron a sus padres que habían sido regañados por ella sin saber que había fallecido la noche anterior.

Allie Delyanis, una trabajadora de este museo, cuenta que muchos neoyorquinos han oído como alguien tocaba el piano cuando el museo estaba cerrado y que una vez uno de los visitantes se topó con Gertrude en la puerta, quien le dijo que no recibía visitas.

“Comprobamos la historia del señor con la descripción que nos dio de la ropa de Gertrude, pues nos describió uno de sus trajes que no estaba en exposición”, anotó la encargada.

El museo, que parece una cápsula del tiempo del siglo XIX, cuenta con sus propios recorridos. Los asistentes pueden visitar todas las salas con velas mientras que unos altavoces reproducen las grabaciones de psicofonías que un investigador de lo paranormal ha hecho al capturar los sonidos eléctricos de la casa.

“En los audios de la planta baja se puede oír como una mujer, que suponemos que era la criada, dice que cocina y limpia al responder la pregunta de uno de los investigadores y en las grabaciones de otra de las salas se oye a un niño llorar”, relató a Metro Delyanis.

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