Fito Páez: “Siempre en el pasado está el futuro”

El músico argentino habló con Metro de su nuevo disco, de la industria y de la herencia del rock latinoamericano

Por Catalina Forero

En tiempos en que los artistas no piensan tanto en discos, sino más bien en sencillos y EP, con un tracklist de 18 canciones La ciudad liberada se sale del esquema actual de la industria musical, ¿por qué decidió, de cierta manera, ir contra la corriente?
–En realidad, no está hecho a la provocación… empezás a trabajar materiales y empiezan a surgir otros. El álbum se grabó en 2017, pero empecé en 2016. Fui a Sony como con 60 músicas y les dije: ‘Muchachos, tengo un quilombo bárbaro, ¡ordénenme un poco!’ (risas). Llegué con un disco de piano solo, y dos eléctricos, y me dijeron: ‘Andá con el piano solo’. A mí no me importaba hacer el uno o el otro, porque, total, la música es mía. Empecé a trabajar en el de piano, me llevó unos meses, compuse un montón de canciones –que la mayoría están en este álbum– y escucharon el disco, les encantó, pero dijeron: ‘No, mejor vamos a hacer el eléctrico’, y dije: ‘Bueno, ¿por qué no se van a tomar por culo?’ (risas)…Todo con humor, por supuesto. Estaba aburrido de estar solo con un piano, así que tomé lápiz y papel y me puse a escribir. Ahí tomé el control del material, me junté con mi banda y empezamos a trabajar. Después llegamos a grabar en Miami con Gustavo Cely, y después vine a Buenos Aires y mezclé con dos técnicos, Mariano López y Franco Mascotti, nueve canciones cada uno. Todas daban un mundo, pegaban adentro de una cosmogonía que se llamó La ciudad liberada.

Usted llama “un territorio de libertad” a este disco que, además, por su extensión, le permitió tener abanico sonoro muy diverso. ¿Cómo definió que quería tomar un camino con tantas bifurcaciones, musicalmente hablando?
–Es que eso es lo que hago. Un colega tuyo me preguntaba por los géneros y a mí me cuesta mucho pensar en esos términos porque, finalmente, son notitas sobre una partitura. El arte de combinar los sonidos es una definición de la música, de alguna manera combino los sonidos así, se trata de eso. Crecí en una casa en la que había mucha libertad desde la audición. Se escuchaba de todo. Mi padre escuchaba una música muy diversa. Por supuesto que caí en la batea del rock, pero no creo que sea la única música que nutre lo que hago. El disco es variopinto, tenés un ritmo andino o hasta un ritmo arábigo, como en Islamabad… ¿Qué sé yo?, hay mil materias… Las influencias de Mahler, un poco también el anime japonés, o Hans Zimmer, que en la última canción, 5778, hay un arreglo inspirado un poco en las ideas de él.

Y en esa canción hasta se despide…
–Sí. ¡Buenas noches!… Felices sueños (risas).

El disco decidió abrirlo con una canción a la revolución femenina, Aleluya al sol. “Ni una menos” recoge en su letra, y es el clamor que en este momento se oye tan fuerte en el mundo. Siendo un disco que toca varios temas críticos, ¿por qué decidió empezar así La ciudad liberada?
–El tema habla de muchas cosas, habla de eso, pero también está la música que es en tonos mayores. Tiene algo del jubileo judío de Leonard Cohen, me pareció que tenía fuerza, tenía garra para arrancar el álbum. Y dio la casualidad de que en esa música también estaba la letra que habla del último movimiento surgido en Argentina, con un sentido de construcción hecho desde el feminismo, que se organizó de una manera natural y orgánica, porque no hay partidos políticos detrás de #NiUnaMenos, sino que es un movimiento que congrega a un montón de mujeres de diversos estratos sociales e ideas políticas, que se plantaron por primera vez muy fuerte y están teniendo gran repercusión en muchas partes del mundo. Entonces, cuando sucede algo así en tu barrio es muy notable. ¿Cómo no ponerlo en la apertura de un álbum?, y más de uno que se llama La ciudad liberada.

¿Podríamos decir que el disco cae como anillo al dedo en este momento agitado que estamos viviendo como sociedad no solo en Argentina, sino en todo el mundo?
–Al poner ese título… yo no sé las cosas que hago, ¡después me doy cuenta! (risas). Soy artista, si no, trabajaría en publicidad. No diseño nada para crear un efecto, pero sí me parece curioso todo lo que sucede en América, aparecieron ahora las dictaduras judiciales, es una nueva manera: le pasa a Correa, le pasa a Lula, le está pasando a Cristina ahora, son persecuciones judiciales, son nuevos golpes de Estado. Entonces, creo que La ciudad liberada viene como una especie de idea… es una contraidea, la respuesta a una búsqueda que va en la dirección contraria. Esta gente miente, engaña y hace cualquier tipo de operación hasta matar o torturar, igual que en las peores épocas de las dictaduras militares de los años 70, con tal de obtener el beneficio de su negocio. La ciudad liberada va en la dirección opuesta, busca el beso, el abrazo, el polvo, la mirada, el contacto. Eso es lo que transita el álbum y es lo que quiere transmitir.

Ha dado mucho de qué hablar la carátula del disco, que además la diseñó Alejandro Ros, quien ha trabajado también con otros grandes como Soda Stereo, Spinetta y Vicentico.
–Ale Ros, que es un gran amigo, siempre hacía cosas así: las primeras tapas de él eran una foto mía vestido de mujer, otra desvistiéndome o algo así, siempre bromeábamos. Por un motivo o por otro, nunca entraban, pero estaba obsesionado con travestirme (risas). Entonces, ahora vino como anillo al dedo y le dije: ‘Vamos a hacerlo, está buenísimo, ¡es La ciudad liberada!’, y le encantó. Fue muy sencilla de realizar. La hicimos con un fondo blanco, vino mi novia, María Eugenia, Ale Ros y yo, la hicimos en dos horas.

Además, está mandando un mensaje contundente: esto es diverso.
–¡Pum! Y estamos todos acá en el mundo y todos tenemos derechos. De eso se trata.

Ahora que hablamos de streaming y plataformas digitales, ¿cómo se lleva con esa manera de comercializar la música?
–Me parece bárbaro… Deberían pagarles a los artistas. Le pagan a la compañía de discos y debería ser más equilibrado el negocio, supongo que a los independientes les irá mejor, pero los negocios grandes, las plataformas, los hacen con la compañía. Hay que rearmar una contratación en la cual los artistas que hacen los discos también ganen dinero… es muy sencillo, no tiene ningún misterio.

Aunque volvió el vinilo…
–Y es un poco más caro, hay que tener cierto poder adquisitivo y claramente en la dirección que va la industria, la ventana de los vinilos va a ser menor. Todo apunta a que va a desmejorar el sonido para que todo sea más barato y más portátil, esa es la dirección de la industria.

Pero quedamos algunos nostálgicos del disco…
–Somos pocos…

Creo que hay esperanza… ¿cree que hay esperanza para la industria?
–Mmm… un poquito, no hay que esperanzarse tanto, creo que no hay que ser un ‘esperanzador serial’ porque después llega la vida y te pone en tu lugar (risas).

Fito, usted es un referente indiscutible dentro de la historia del rock argentino y latinoamericano…
–Es discutible por mí, yo me discuto mucho (risas).

¿Siente alguna responsabilidad de mantener el rock vivo ahora que el protagonismo lo tienen otros géneros?
–¡No! (risas). Bueno, no vamos a negarlo… existe algo de eso, pero si entrás en esa línea de pensamiento, te transformás en una estatua.
Con los años tenés noción de que hay una herencia de la canción latinoamericana, que es enorme, de una gran calidad, y ha atravesado el tiempo de una manera alucinante. Me parece que para los músicos jóvenes es una fuente de nutrición maravillosa, es como tomar una vitamina refrescante y a la vez muy profunda y llena de matices y colores diferentes. Desde el folclor latinoamericano, en cualquier país que lo agarres, hasta extremos más modernos, como Charly García, Spinetta, Piazzolla, Café Tacvba, la trova cubana, los boleros de Manzanero, Violeta Parra… la lista es infinita.

Hoy hay crisis de creatividad porque no se investiga allá adentro. El mundo está viviendo muy mirando hacia el ombligo y sin saber que lo que suena en el parlante viene de antes. No pueden venir partidos políticos, discográficas o bandas a decir: ‘Nosotros vamos a reinventar todo de vuelta’, porque eso no se puede hacer. No podés aniquilar todo lo hecho, o hacer la música de vuelta, porque la música sencillamente no te va a dejar. Siempre en el pasado está el futuro.

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