#LaVerdadVerdad: Autoengaño estadístico

El tema de la pobreza debe ser la preocupación principal de la ocupación política.

El objetivo de toda política pública es conseguir la elevación del nivel de vida de todos los ciudadanos. El país, pese al crecimiento continuo de la economía, ha fracasado en conseguirlo.

Las estadísticas de pobreza muestran una resistencia a reducirse. La esperada conversión del crecimiento en desarrollo no se consigue.

Los gobiernos se suceden y con ellos también los diferentes abordajes del problema. Nada parece funcionar.
Lo que la mayoría de los paises de América Latina han conseguido con mayor o menor éxito  hasta ahora se muestra elusivo para nosotros.

La Unidad Asesora de Análisis Económico y Social del MEPyD informó a través de su  último boletín sobre Pobreza Monetaria que el país había logrado reducirla en cuatro puntos porcentuales.

 El dato llama la atención y no debe pasarse por alto sin una ponderación atenta para poder apreciarlo en su justo valor.

Lo primero que llama la atención es que se refiere a la pobreza monetaria. El concepto hace alusión a una tipificación de la pobreza desde un punto de vista de los ingresos.

El indicador de pobreza monetaria utilizado por los organismos oficiales nacionales marca el límite de ingresos mínimos en unos cuatro mil quinientos pesos, aproximadamente.

La comunicación preparada por el Comité Técnico Interinstitucional de Medición de Pobreza es que toda persona con ingresos superiores a ese mínimo superó la condición de pobreza monetaria.
Lo cierto es que estas cifras no pueden ser recibidas con regocijo, porque solo sirven para esconder la realidad. En un país donde la canasta básica supera cinco veces ese mínimo no podemos estar celebrando victorias estadísticas sobre un problema de consecuencias tan terribles como la pobreza.

Los bajos ingresos generales de la población trabajadora formal e informal hablan de un país muy distinto. La pobreza monetaria y no monetaria afecta a mucho más que la tercera parte de nuestra población. Esa reducción estadística es un autoengaño.