#LaVerdadVerdad: Felicidad y bienestar

En cada inicio de año nuestra autoridad monetaria baja de la remota altura desde la que realiza su trabajo a compartir las cifras del crecimiento de la economía. Las cifras de los últimos años presentan un crecimiento sostenido de la riqueza nacional. La imposibilidad de contrastar hace que todos aceptemos como buenas y válidas las estadísticas.

La escasa cultura económica de los ciudadanos y nuestra docilidad intelectual nos llevan a batir palmas por las buenas estadísticas, aunque las realidades de la vida no reflejen la pregonada bonanza general.

En su libro sobre la historia del PIB, el economista Diane Coyle, nos recuerda que el PIB es una realidad inventada, un ejercicio de imaginación y no una ciencia exacta. El propio inventor del concepto, el economista bielorruso Simon Kuznets, tenía serias reservas sobre el concepto.

La desconfianza hacia esta herramienta que glorificamos como si fuese una ley de la naturaleza no es nueva. El mejor argumento en su contra lo proporcionó el político estadounidense Robert Kennedy en su discurso de campaña pronunciado el 18 de marzo de 1968: “el PIB no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de nuestros matrimonios. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”.

Lo que hace que valga la pena vivir la vida es la felicidad. La economía actual empieza a explorar mediciones alternativas que miren más allá de los números y recojan datos integrales sobre la calidad de vida. Ese es el propósito del nuevo índice sobre la Felicidad Mundial publicado desde el 2012 por la ONU.

El mundo está cada vez más consciente de la importancia de redefinir la narrativa del crecimiento económico a través de colocar la felicidad y el bienestar humano en el centro de las políticas públicas. En nuestro país, lamentablemente, seguimos atados al pasado. Esa es la razón de que en materia de felicidad humana estemos en los últimos lugares de América Latina. Una mala noticia recibida en el Día Internacional de la Felicidad.