#LaVerdadVerdad: El objetivo es la justicia

El país está sumido en una crisis de confianza política. Los poderes públicos se muestran incapaces de responder a las expectativas ciudadanas. El Legislativo con la mayoría de sus líderes bajo sospecha; el Judicial cooptado por los intereses partidarios; y el Ejecutivo, maniobrando para construir su posibilidad de permanencia.

La relación entre gobernantes y gobernados se complica todavía más por la reducción de la credibilidad en los partidos tradicionales del sistema y sus dirigentes. La información vertida durante meses sobre el caso de los sobornos puso de manifiesto la pecaminosa relación entre el dinero y la política. El PLD incapaz para reformarse luce incapaz de defenderse. El PRM, en pleno proceso de construcción, no puede atacar.

Los ciudadanos, indignados por los excesos de la degradación política, decidieron empoderarse. Las movilizaciones masivas están sometiendo al sistema político a una presión nunca antes vista. Los ciudadanos están enarbolando como consigna principal el cese de la impunidad y la corrupción.

El movimiento verde, por su carácter cívico y apartidista, ha podido concitar el apoyo de amplios sectores de la sociedad. Las nutridas marchas están alimentadas por caminantes independientes y simpatizantes de todos los partidos políticos. La naturaleza incluyente y sin sesgos partidarios es la causa principal de su indudable éxito.

La movilización por propia voluntad de miles de ciudadanos ha convertido al movimiento verde en una formidable herramienta política.

El liderazgo colectivo es su fortaleza, pero lamentablemente también su debilidad. La estructura horizontal y casi amorfa de este movimiento lo convierte en presa potencial de dirigentes políticos que buscan seguidores.

Las derrotas son huérfanas, pero las victorias tienen muchos padres. El triunfal perfil público de estas movilizaciones ha provocado que, de pronto, surjan en su seno grupos que desean capitalizarlo para sus objetivos políticos particulares.

El objetivo que galvanizó a toda la sociedad fue el de perseguir la activación del sistema de consecuencias para castigar la corrupción.  El intento de convertir una reclamación de justicia en una lucha política dirigida a interrumpir el orden constitucional sería un error de grandes proporciones.

La sociedad dominicana es de naturaleza conservadora. Una nueva consigna de perfil muy radical encontraría el rechazo de la mayoría y provocaría el repliegue de la indignación popular. La Marcha Verde es una movilización ciudadana y no un partido político. El objetivo es la justicia y no la sustitución de un gobierno sin elecciones.