#LaVerdadVerdad: Responsabilidad cívica

Lo que más acerca al fracaso a un movimiento de masas es el éxito mal gestionado. El movimiento cívico verde, sin duda, es un éxito de movilización popular con pocos precedentes en la historia nacional. Ahí está su fortaleza y su debilidad.

La naturaleza de movimiento ciudadano horizontal lo convierte en una herramienta valiosa para que sectores políticos minoritarios, pero con gran experiencia y organización, puedan promover una agenda particular muy diferente a la de la mayoría de los ciudadanos.

Los ciudadanos respondieron de forma voluntaria a una consigna específica: el cese de la impunidad y de la corrupción. Estas dos taras de nuestra vida institucional afectan a todos los ciudadanos en menor o mayor grado. Así que su poder de convocatoria es casi universal. Los que no participan del beneficio y la protección del sistema acuden al llamado.

La mayoría del país muestra un espíritu de cambio reformador, pero no de cambio revolucionario. Los que marchan aspiran a una transformación de las instituciones dentro del orden constitucional. La indignación ciudadana solo es suficiente para reconstruir lo que existe.

La convocatoria que exceda esa aspiración de cambio dentro del orden y proponga una aventura caótica hacia lo desconocido fracasará. La historia muestra el talante conservador de nuestras masas. El temperamento nacional es adecuado para la evolución pacífica gradual y no para el rápido tumulto revolucionario.

La movilización verde ha mostrado una madurez cívica sin yerros en su actuación, pero lamentablemente no exhibe madurez en el discurso. Los que hablan por el movimiento muestran el impetuoso inmediatismo de los adolescentes, cuando lo que conviene es mostrar la prudencia de la adultez.

El movimiento verde, que sabe lo que quiere, debe también aprender a pedirlo. La justicia que acabe con la impunidad no podrá ser nunca la justicia conformada por los corruptos.

La desilusión se produce cuando reclamamos y prometemos lo que no se puede conseguir de inmediato. El verdadero objetivo de la marcha verde debe ser crear la conciencia hoy para lograr el cambio de mañana. La democracia no es flor que nace en un día, sino árbol de profundas raíces que se toma su tiempo. No debemos forzar el ritmo de nuestra naturaleza política

El movimiento verde necesita colocar la misma responsabilidad cívica que muestra en las marchas en cada uno de sus manifiestos.