#LaVerdadVerdad: La rebelión de los jueces

La independencia del poder judicial es un objetivo todavía por alcanzar en nuestro país. El procedimiento de selección permite que el interés político partidista prime sobre el interés colectivo de la nación.

El pecado original de la política contamina por carácter transitivo a los componentes individuales del aparato judicial. La misma lógica del intercambio de favores se impone en la relación horizontal y vertical de los jueces.

La querella de prevaricación, soborno, cohecho, coalición de funcionarios y asociación de malhechores presentada por el Ministerio Público en contra del ex consejero del poder judicial Francisco Arias Valera y a la jueza Awilda Reyes Beltré puso en evidencia la existencia del mecanismo para conseguir sentencias complacientes a través del dinero, el temor a represalias, promesas de ascensos o traslados.

El mecanismo era de uso generalizado y se mantuvo funcionando así por el descuido o tal vez la complicidad de la jerarquía del poder judicial. La reacción de indignación ciudadana ante la degradación de la justicia  forzó la activación del sistema de consecuencias. Las sanciones por irregularidades en la función judicial se hicieron más frecuentes desde entonces.

Los jueces nunca reaccionaron para protestar por la presión indebida que recibían o por las actuaciones claramente irregulares de algún miembro de la judicatura. Los jueces no leyeron nunca ningún comunicado reclamando el cese de esa presión y mucho menos criticando decisiones de sus colegas contrarias a la ética y al derecho.

La sociedad observa con asombro cómo se rebelan los jueces por las sanciones disciplinarias decididas por el Consejo del Poder Judicial en contra de los jueces que muestran un mal desempeño en sus funciones.

El sistema de consecuencias disciplinaria es parte imprescindible de cualquier organización humana. La posibilidad de sancionar la inconducta en la justicia es una garantía para los ciudadanos. La impunidad es el mejor estímulo para la transgresión.

La rebelión de los jueces es entendida por la mayoría de ciudadanos como una reacción inoportuna, porque parece organizada para tratar de desestimular la aplicación del sistema de consecuencias en el aparato judicial.

Los jueces que se mantuvieron mudos cuando el mal azotaba sin sanción, no podrán encontrar la solidaridad ciudadana cuando hablan en contra de lo que se percibe como bueno.

El miedo a la disciplina no existe para un juez honesto.