#LaVerdadVerdad: Che Guevara, el símbolo

En  octubre de 1967, Ernesto Che Guevara cayó abatido en Bolivia. Su imagen, como un ícono revolucionario, cinco décadas después tiene mucho más vigencia que sus ideas.  Guevara encarna el sueño del guerrillero romántico que animado por un sentimiento de justicia social, cual Quijote, las emprende contra los opresores. La revolución cubana, en la que Guevara combatió junto a Fidel Castro, mostró que era posible lograr la victoria con mínimas fuerzas iniciales.

Un magro núcleo de decididos combatientes logra el efecto de un alud al que se suma un número creciente de voluntarios que termina por aplastar a un régimen despótico,  la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba. La metáfora de la “chispa que enciende la pradera” encapsula la teoría del foco, sintetizada por el filósofo francés Régis Debray en su libro “Revolución en la revolución”. Debray acompañó durante un tiempo  a Guevara en la infortunada guerrilla en Bolivia.

La presencia de un foco, que en los hechos es una columna guerrillera, puede producir un impacto desmedido por su mera existencia. Una serie de golpes perpetrados por un grupo de combatientes contra tropas, policías y propiedades de latifundistas, gatillarán un sentimiento de inseguridad entre los poderosos y despertarán las esperanzas de los oprimidos. Para Debray la progresión insurgente es así: “Lo más pequeño es el foco guerrillero, el núcleo del ejército popular. No es un frente el que creará este núcleo, más bien es el núcleo el que, a medida que se desarrolla, permitirá la creación de un frente nacional revolucionario. Uno crea un Frente alrededor de algo existente, no sólo un programa de liberación. Es el ‘pequeño motor’ que echa a andar el ‘gran motor’ de las masas y precipita la formación de un frente”.

Lo que funcionó en Cuba fracasó estrepitosamente en Bolivia. El papel de Estados Unidos en la detección y lucha contra el foco boliviano fue gravitante. Richard Gott, un avezado periodista británico, fue uno de los primeros testigos en reconocer el cadáver de Guevara. Gott, que visitó el campamento de La Esperanza, la base militar de las fuerzas especiales de Estados Unidos, donde se encontraba una veintena de efectivos, narra que “allí tenían poderosos sistemas de transmisión que les permitían una comunicación directa con el Comando Sur, en la Zona del Canal de Panamá. Allí fui recibido por el mayor Robert ‘Pappy’ Shelton, quien me contó que 600 rangers – fuerzas especiales bolivianos entrenadas por Estados Unidos- se habían graduado recién y despachados a la zona de operaciones de la guerrilla en Vallegrande”.

Mi único contacto remoto con el Che fue en Londres, en 1984, donde me enteré que la empresa subastadora Sotheby’s remataba el diario escrito por el Che en sus meses de guerrilla en Bolivia. Fui a Sotheby’s y pedí ver el libro. Con gran amabilidad  accedieron y me hicieron pasar a un pequeño salón y  me entregaron un cuaderno con tapas duras. El texto ha sido publicado muchas veces, pero hubo algo que me dejó atónito: en la contratapa estaban los nombres de guerra, los alias si se quiere, junto a los nombres reales y en muchos casos teléfonos y direcciones de varios combatientes y contactos urbanos. Semejante información debió ser un tesoro para sus captores. No había ningún esfuerzo de encriptación. Sólo cabe suponer que el Che tenía una confianza ciega en que saldría vencedor.

Por: RAÚL SOHR
ANALISTA INTERNACIONAL
METRO INTERNACIONAL