#LaVerdadVerdad: Un símbolo de la libertad y la justicia

La protesta escenificada en el Parque Independencia por ciudadanos afectados por la sentencia 168-13, como era de esperarse, se convirtió en el tema de debate más popular en las redes sociales.

La mayoría de los enfoques sobre el hecho no trataron sobre la irresuelta condición jurídica de miles de ciudadanos dominicanos de ascendencia haitiana afectados por la decisión del Tribunal Constitucional, sino sobre el espacio escogido para reclamar derechos no reconocidos.

La Puerta del Conde fue el lugar de reunión de unos cuantos cientos de manifestantes al ritmo de la música reflejo de su sincretismo cultural y pancartas alusivas al fracaso de la aplicación de una ley 169-14 que debió restituir la nacionalidad dominicana a todos aquellos ciudadanos de ascendencia haitiana con el derecho adquirido de poseerla.

La reacción de una importante proporción de ciudadanos fue considerar una provocación la manifestación pacífica, mientras otra parte no menos importante estimaron como una expresión cívica normal lo sucedido. La sociedad vuelve a mostrar la fractura que existe en todo lo relacionado con la asimilación de la minoría de ascendencia haitiana.

El reclamo sobre la nacionalidad se convirtió en un conflicto nacionalista. Lo de siempre. La reacción patriótica como rechazo a todo lo que tiene que ver con Haití, pero que no vemos para muchos otros temas.

La historia confirma que siempre fue así, porque recordemos que muchos de nuestros adalides de la lucha independentista contra Haití fueron apasionados negociadores de anexiones o protectorados con potencias extranjeras. El reduccionismo patriótico es una práctica añeja, pero nunca justificada.

Los polvos de la fatídica sentencia 168-13 trajeron los lodos de la imperfecta aplicación de la ley 169-14. El hecho de que junto a los miles de ciudadanos de ascendencia haitiana, que exigen con derecho la restitución de su nacionalidad dominicana, se cobijen intereses foráneos con el objetivo de incluir a otros miles de ciudadanos haitianos que no la merecen no es razón suficiente para colocarles a todos la etiqueta de extranjeros.