#LaVerdadVerdad: El beneficio de la duda

La aversión al conflicto, aunque sea justificado o inevitable, inclina a otorgar el beneficio de la duda a las negociaciones entre el oficialismo y la oposición venezolana. El diálogo en proceso, que todos reconocen como la última oportunidad de solución negociada, muestra más buenos deseos que resultados.

Las largas horas de encuentro fueron una ratificación de los muchos desencuentros entre las partes. El oficialismo expuso su rosario de lugares comunes negadores de la realidad, mientras la oposición se aferra a las reivindicaciones mínimas para una convivencia democrática digna. La esperanza, que es lo último que debemos perder, no encuentra un punto de apoyo para sostenerse. Los objetivos de una y otra se encuentran tan distantes como los polos de la tierra.

La oposición quiere una normalización democrática, mientras el oficialismo busca la profundización de la ruptura democrática a través de una forzada continuidad en el poder. ¿Cómo conciliar estás dos naturalezas tan opuestas? El retorno al derecho mata a una parte y da vida a otra. Cara a cara, en Santo Domingo, están la dictadura y la democracia. La historia muestra que una tiene que desparecer para dar paso a la otra.

Nicolás Maduro quiere continuar, pero el pueblo no quiere que siga. Así que la pretensión opositora de conseguir un proceso electoral planificado, organizado y ejecutado con respeto a las normas democráticas es lo que precisamente desea evitar el oficialismo. El dilema venezolano: lo que es remedio para la mayoría es tósigo para la minoría que controla el poder. Maduro, que no tiene perfil de mártir, no tomará esa cicuta.

El esfuerzo del país anfitrión y los países acompañantes en el proceso de diálogo obliga a realizar concesiones. El pueblo venezolano se muere por falta de alimentos y medicinas. Las personas, cuando llegan al extremo de la sobrevivencia, olvidan el plano abstracto de la institucionalidad para concentrarse en el más concreto del pan de cada día.

Los realistas, como único resultado concreto, esperan la apertura del canal humanitario para garantizar alimentos y medicinas. El país anfitrión, socio leal chavista, salvará la cara del proceso con esa pírrica concesión, mientras la oposición se confortara con la sensación de no haberlo perdió todo.

Los pesimistas esperan el fracaso absoluto del proceso del diálogo, porque aleccionados por el pasado saben que no es más que una tregua en la destructiva guerra contra la democracia venezolana.

Unos y otros, en su fuero interno, aspiran a estar equivocados. Ojalá el futuro pertenezca a los optimistas y veamos un diálogo con resultados sanadores para ese atribulado pueblo.