#LaVerdadVerdad: La verdadera solución

El peligro de abordar un problema complejo con soluciones simples es perder la oportunidad de encontrar la verdadera solución. El atasco que experimenta la ley de partidos políticos es producto de esta inclinación reduccionista de las soluciones planteadas por las partes.

Las organizaciones políticas, en mayor o menor medida, están afectadas por un alto índice de desconfianza. El origen de esta falta de confianza se encuentra en la incapacidad histórica de satisfacer las demandas básicas de los ciudadanos. La relación de la sociedad con los partidos oscila entre la ilusión y el desengaño.

El proselitismo produce ilusión; pero el gobierno, desengaño. La acumulación de promesas incumplidas creó la cultura cínica del pragmatismo clientelar. Los electores desengañados buscan beneficios inmediatos, mientras los dirigentes incapaces de ilusionar satisfacen esos beneficios. La relación actual entre el electorado y los partidos es esencialmente comercial. La participación es una operación de compraventa.

La cultura del cinismo pragmático clientelar afecta por igual a las clases altas, medias y bajas. Lo único diferente es la moneda de intercambio. La clase alta busca proteger y acrecentar sus rentas a través del capitalismo mercantil que la relación con el poder proporciona; la clase media tiene la aspiración de llenar las vacantes profesionales y técnicas del Estado; y los pobres se conforman con la participación en la política social de los gobiernos.

Esta versión transaccional de la política hace del espacio democrático un mercado. La única organización capaz de prosperar en un mercado son las empresas. Los partidos políticos, por consiguiente, son empresas comerciales adaptadas al mercado político. Los dirigentes predominantes son aquellos que aportan el capital financiero para sostener la empresa política.

El problema fundamental de nuestra democracia es que no existe. Lo que tenemos en la realidad es una anatomía plutocrática con vestiduras democráticas. La diferencia entre ganar y perder es el dinero. Por eso yerran todos los que permiten la reducción del debate normativo de los partidos al tema de la mayor o menor apertura a la participación ciudadana en los procesos internos.

La verdadera democracia partidaria no estará garantizada por la cantidad, mayor o menor, de potenciales participantes, mientras no se reduzca la influencia del dinero en los procesos de decisiones partidarias.

El debate sobre las primarias es un debate falso, porque importantiza una discusión secundaria sobre la discusión fundamental que es el modelo de financiación de nuestras organizaciones políticas. Una medicina que no cura la enfermedad.