#LaVerdadVerdad: La política personalista

La política personalista, que es la única que se ha ensayado hasta ahora, engendró el mal de la falta de unidad en el manejo de los asuntos públicos. La discordia, la división de corazones, arruina una y otra vez la construcción de una verdadera democracia.

La historia, inventario de la experiencia, nos muestra múltiples ejemplos del naufragio constante de la libertad en favor del autoritarismo. La fundación de la nación nos ofrece el trágico espectáculo del triunfo de espadón abusivo sobre el cristo de la libertad; la restauración de la independencia conduce al predominio del lugarteniente sanguinario y ambicioso sobre el generoso prócer de espíritu liberal.

El ritual de esperanza y decepción debieron aleccionar a las generaciones sucesivas sobre el impacto de negativo de sobreponer los intereses personales sobre el interés colectivo.

El catálogo de hechos pasados tiene en la discordia de Juan Isidro Jimenes y Horacio Vásquez la mejor muestra de las terribles consecuencias de lo desencuentros personalistas. Los esfuerzos de oposición al régimen Lilís fueron el vivero para la formación de los nuevos liderazgos. La fracasada, pero aun así heroica expedición del Fanita elevo en la estima pública al comerciante Jimenes. Lo mismo hizo para el prestigio de Horacio Vásquez sus gestas revolucionarias y el apadrinamiento del magnicidio ejecutado por su primo Ramón Cáceres.

Los dos caudillos dominantes de la situación hicieron algo inusual hasta ese momento de nuestra historia: el general Vásquez, presidente provisional, rechazó los cantos de sirena del continuismo y propició un gobierno de unidad junto Juan Isidro Jimenes. El país conoció otro breve periodo de esperanzada convivencia democrática. El primer esfuerzo para cumplir lo que Eugenio María de Hostos había aconsejado: el ensayo de Gobierno civil es la única garantía que queda en la República.

El experimento no tardó en naufragar. La ambición de predominio y el incansable trabajo de los intrigantes y oportunistas separaron a estos dos hombres. El recelo inicial dio paso a la desconfianza mutua y a la disensión abierta. La violencia armada dio, literalmente, el tiro de gracia a este ensayo democrático. El surgimiento de dos tendencias personalistas irreconciliables, los bolos y los coludos, daría paso a una política volcánica de pronunciamientos y revoluciones que terminarían con la perdida de la soberanía nacional.

La gobernabilidad democrática actual se encuentra amenazada por una tensión personalista similar. Conviene que los dirigentes con predominio sobre el destino político del país se miren en ese pasado espejo. El país lo agradecería.