#LaVerdadVerdad: El mismo tratamiento

La democracia es el sistema de organización política que atribuye el poder de decisión al pueblo soberano. La experiencia de Venezuela y ahora en Honduras indica una preocupante deriva autoritaria que pretende transferir el poder de decisión del pueblo a las elites gobernantes.

La práctica no muestra sesgos ideológicos, porque tanto las organizaciones autodenominadas como progresistas y las etiquetadas como conservadoras presentan este tipo de comportamiento negador de la democracia.

La prensa local hondureña y la internacional recogen en sus reportajes la acción de protesta de una buena parte de la sociedad y la reacción de fuerza del oficialismo para contener la encendida indignación popular. El saldo, hasta ahora, es negativo. Los muertos, las personas apresadas, las propiedades saqueadas y la obstrucción de las vías públicas representan una peligrosa involución de la convivencia cívica.

Los problemas sistémicos presentados antes, durante y después del proceso comicial, junto al escaso margen de diferencia de votos entre los candidatos contendientes, no permiten afirmar con seguridad el candidato ganador. Esa situación valida la petición de nuevos comicios realizada por la oposición y apoyada por organismos internacionales y países.
La gobernabilidad requiere de mandatos que cuenten en igual proporción con la legitimidad que la legalidad de los procesos otorga. El mandatario Juan Orlando Hernández, declarado como ganador después de un proceso en el que no participó la oposición, sin duda que no la posee, porque la mitad de la población cree en su victoria.

Estos casos indican que los sostenidos avances en los procesos electorales se están revirtiendo. La confianza ciudadana está en sus mínimos en la mayoría de los países. Los malos ejemplos son contagiosos. La permanencia de régimen chavista a través de la manipulación de los mecanismos electorales y la inoperante actuación de la mayoría de los organismos de integración estimulan la audacia tramposa de muchos actores políticos.

Los países miembros de la OEA debilitaron la capacidad disuasoria de la Carta Democrática Interamericana al no ponerse de acuerdo en su activación para devolver a la senda democrática al régimen venezolano.

Lo que se está haciendo en Honduras lo hizo y sigue haciendo Nicolás Maduro en Venezuela. La comunidad internacional, para recuperar la autoridad, debe dar el mismo tratamiento a uno y otro país.