#LaVerdadVerdad: La doble adicción

Los decomisos de drogas son más grandes y constantes que nunca, pero eso no significa que estemos ganando terreno en la guerra contra las drogas. Lo más cierto, tal vez, sea lo contrario.

La guerra contra las drogas está perdida, porque definitivamente este problema no tiene una solución militar. La droga es un complejo problema económico, social y de salud pública, pero no militar. Las armas y la violencia son características accesorias en las operaciones de narcotráfico. La característica esencial es la supremacía financiera.

El análisis de cualquier operación de tráfico serviría como prueba a esta afirmación. El intento de sacar a través del aeropuerto de La Romana unos quinientos kilos de cocaína, por ejemplo, muestra que en toda la cadena logística para logarlo no intervino el uso de armas o de violencia, pero sí el uso de dinero como herramienta para rendir voluntades y allanar obstáculos. Los narcotraficantes no necesitaron disparar un solo tiro para lograr el colapso del sistema de seguridad. Lo único disparado fueron fajos de billetes hacia los ávidos bolsillos de militares inescrupulosos.

Lo mismo puede decirse de cualquier operación. Así que muy poco pueden hacer las tácticas militares en contra de tácticas financieras. No es extraño entonces que cada día crezca la certeza de fracaso en la guerra contra el narcotráfico. En los años ochenta el economista Milton Friedman postuló una teoría alternativa de lucha que nos parece ahora muy correcta: la destrucción del incentivo económico.

La droga es un producto rentable, porque debido a la prohibición es escaso. La teoría económica explica el efecto sobre el precio y la rentabilidad del desequilibrio entre una demanda creciente y una oferta reducida. El tráfico supone miles de millones de dólares anuales circulando a través de la economía. Parece obvio que si se acaba el incentivo para cultivar, procesar y distribuir drogas, entonces también se acabaría con el tráfico.

¿Por qué no se hace? Tal vez la respuesta sea también económica. Los expertos estiman que el negocio de las drogas supone movilizar anualmente el uno por ciento del producto interno bruto de la economía mundial. Lo que significaría en la actualidad una cifra aproximada a los quinientos mil millones de dólares.

El impacto de la desaparición de este flujo del torrente monetario mundial podría tener efectos catastróficos sobre la economía. La droga produce una doble adición en las sociedades: la química y la financiera. La química secuestra a los ciudadanos, mientras la financiera lo hace con el sistema económico global. La solución a este doble problema también es doble: reducir la adicción química con política de salud y eliminar la adicción financiera con políticas económicas.