#LaVerdadVerdad: El límite de la paciencia

La democracia se perdió hace rato en Venezuela. En las propias narices de la comunidad internacional una pretendida revolución emancipadora desmontó toda la estructura normativa democrática.

La manipulación electoral, el control de la justicia, la eliminación del legislativo y el dirigismo económico condujeron a un régimen de control social que restringe y viola derechos humanos fundamentales. El desastre es político, económico y social.

En lo político, la pretensión totalitaria del señor Maduro mantiene a todos los líderes opositores con capacidad de competir inhabilitados para participar en unas elecciones nacionales y además ensaya un protocolo para inhabilitar a las más importantes organizaciones políticas.

El último informe sobre el estado de la economía presentado por la comisión de finanzas de la Asamblea Nacional indica que la inflación de un mes supera la inflación de todos los países de América Latina juntos. El despilfarro del ingreso petrolero, el control de divisas, los bajos salarios, la falta de producción nacional y la inseguridad jurídica dificultan la inversión, la productividad, el ahorro y el consumo.

Las imágenes publicadas por los medios tradicionales o que circulan a través de las redes sociales presentan a ciudadanos buscando alimento en la basura acumulada en las calles de Caracas son una expresión del abandono de la población. La falta de medicinas y el alto precio de las pocas que se consiguen dejan a los ciudadanos en la indefensión absoluta. La situación es tan grave que el electo presidente chileno Sebastián Piñera afirmó que la prioridad de su gobierno es el alivio de la crisis humanitaria venezolana.

El régimen sigue mostrando su irreductible terquedad.  La última oportunidad de lograr una solución pacífica, el diálogo en nuestro país, parece estar en riesgo debido al posible retiro de los dos países que garantizan los principios democráticos: Chile y México.

El retiro de estos dos países quitaría legitimidad al proceso del diálogo porque todos los países restantes, incluyendo el nuestro, tienen un inocultable sesgo favorable al régimen chavista. El fracaso del diálogo abriría las puertas a soluciones indeseables para Venezuela y para toda la comunidad latinoamericana. Esperemos que se recupere el buen sentido y no se desaproveche la oportunidad para una solución pacifica.

La paciencia del pueblo venezolano y su inclinación por la paz quedaron de manifiesto. Nadie quiere que lleguen al límite de la paciencia.