#LaVerdadVerdad: El problema de la soledad

La primera ministra británica, Theresa May, anunció que se dispone a nombrar una secretaria de Estado para encargarse del problema de las personas que están solas. La noticia no tiene nada de rutinaria y sí mucho de perturbadora. La definición clásica del hombre como especie gregaria parece que se está poniendo en riesgo.

El hecho de que en un mundo globalmente conectado llegue la soledad de los ciudadanos a ser un problema de importancia política tiene que ponernos a reflexionar. La comunicación humana es actividad imprescindible para el avance y sostenimiento de la especie.

Los humanos, como seres sociales, se organizan en estructuras que superan lo individual. La amistad, el noviazgo, el matrimonio, los grupos, la comunidad, la ciudad y las alianzas internacionales suponen estructuras de cooperación humana. La condición humana solo es posible junto a otros.

Los diferentes estudios realizados en las sociedades occidentales indican que uno de cada tres ciudadanos sufre soledad. La privación voluntaria o involuntaria de compañía es una verdadera epidemia. La compañía es tan importante que su falta incrementa la mortalidad.

El hecho de que se proponga en un país desarrollado crear una posición de importancia para atender un problema, que hasta ahora se creía de carácter psicológico, desde el ámbito gubernamental es representativo del cambio copernicano de la política.

La política no es lo que era y no puede ni debe serlo. Los problemas nuevos se suman a los viejos y no es posible enfrentarlos con las estructuras de siempre. Esa realidad no es exclusiva de los países desarrollados. Los países de la periferia también estamos enfrentados a la soledad.

La tecnología, la hostilidad del ambiente social, el fraccionamiento de la familia, el abandono del Estado son realidades que empujan a la soledad. La individualidad insensible y egoísta que exhibe la delincuencia es una consecuencia de esa vida solitaria, desconectada de los demás. El incremento de los ciudadanos que encuentran en el suicidio o en la violencia hacia seres queridos es otra manifestación del mismo fenómeno.

La propia participación en la actividad política, que en su aspecto exterior parece acción colectiva, es un impulso parido por la soledad. Esa es la razón que se imponga el interés particular sobre el bien común.

La idea de la primera ministra británica no es una humorada o un ejercicio de política ficción, sino un descubrimiento clave de que la política debe retornar a preocuparse por los problemas reales de la gente.