#LaVerdadVerdad: Acordar o terminar

La semana pasada la trama del culebrón del dialogo quedó más enredada que nunca. El presidente Danilo Medina había informado que custodiaba el único documento existente sobre la marcha de las conversaciones entre el oficialismo y la oposición de Venezuela.

El mandatario criollo dijo que ambas delegaciones volverían a su país para socializar los avances con diferentes sectores y regresar en el día de hoy para intentar arribar a un acuerdo definitivo.

El relato local no se parece en nada a lo que se cuenta en la prensa venezolana. El propio Nicolás Maduro colocó bajo sospecha a la posición imparcial del mediador al afirmar que poseía una copia del “acuerdo” a las que había realizado algunas correcciones.

La oposición rebatió esta afirmación recordando que no existía copia del documento en custodia y que, mucho menos, dicho documento constituía un acuerdo, sino una especie de acta con la relatoría de los avances de las conversaciones.

Las partes lucen más distantes que nunca en cuanto a los temas y las acciones. Estos días previos que debieron ser de consultas fueron utilizados por el oficialismo para robustecer su posición dominante de cara a los comicios a través de obstáculos técnicos para la habilitación del principal partido de oposición.

Primero Justicia es, precisamente, el partido del jefe de los negociadores del pacto, Julio Borges. La decisión arbitraria del CNE impidió una exitosa socialización de los puntos del acuerdo con los principales dirigentes de esa organización, entre los que se encuentra Henrique Capriles.

El oficialismo unido en el atropello y la oposición dividida entre los que confían en la negociación y los no. El día para la nueva ronda llega lleno de incertidumbres plagado de complicaciones por las actuaciones irracionales de unas autoridades que han perdido todo el sentido de los límites. El arresto de un anciano político imputado por organizar una huelga en la década de los cincuenta es la expresión de la macondiana política venezolana.

El esfuerzo diplomático del presidente Danilo Medina parece ser la crónica de una muerte anunciada. Venezuela es un país secuestrado por una horda criminal que solo piensa en sus propios intereses. El diálogo no es posible cuando falta el buen sentido.

El presidente Danilo Medina no puede seguir utilizando el tiempo que reclaman los problemas nacionales en este sinsentido. Estas conversaciones no deben prolongarse más allá de esta semana. La consigan debe ser acordar o terminar.