#LaVerdadVerdad: La necesaria vigilancia

La lucha entre el bien y el mal en la sociedad contemporánea se hace cada vez más complicada. Esto, por la presencia del mal en el bien, y viceversa.

La vida es mucho más compleja que esas películas de policías y ladrones de los años cincuenta. Lo cierto es que no sabemos exactamente qué individuos o instituciones encarnan la bondad pura.

Estos tiempos son de perplejidad, de confusión y de dudas. La mala conducta en el campo de los buenos que las noticias presentan de cuando en vez provocan el alza del escepticismo.

Los hechos horrendos que hacen dudar de la condición humana pueden ocurrir tanto en el espacio de la vida privada de los individuos como el de la vida pública de las instituciones. La acción criminal inesperada de un hijo contra él padre, de un esposo contra la esposa tiene el mismo origen de aquel perpetrado por el policía que delinque o la organización benéfica que se aprovecha. La maldad en nuestro tiempo puede brotar en los terrenos más insospechados.

La reflexión es oportuna para entender el escándalo internacional que afecta a una institución sin fines de lucro de gran prestigio internacional. La organización humanitaria Oxfam se encuentra comprometida en su credibilidad por la actuación irregular de algunos de sus funcionarios durante las labores de ayuda para la recuperación del terremoto en Haití.

La prensa internacional publicó los datos contenidos en una investigación interna realizada por la propia ONG en la que se narra la contratación, con fondos de la institución, de prostitutas y villas para fiestas privadas.

La reacción, una mezcla de sorpresa y asco, se expandió por todo el mundo. El hecho de que un alto directivo a cargo de más de doscientos voluntarios muestre semejante degeneración en medio de de un desastre desafía toda comprensión.

La sensación pasada la sorpresa es la de una profunda decepción. La interrogante que queda flotando en el aire es si no existe espacio donde la conducta moral se muestre incorruptible.

La experiencia humana acumulada nos tiene una respuesta clara y, lamentablemente, es negativa: No existe individuo o institución, por bienintencionada que sea, donde no coexistan el bien y el mal.

El hombre, lo sabemos desde siempre, es un compuesto de elevadas posibilidades y malas costumbres. Lo fue en el pasado y lo seguirá siendo en el futuro.

El reconocimiento de nuestra naturaleza falible no debe servir de excusa para el cinismo o el descreimiento generalizado. La opinión inmadura tiende a confundir el fallo de la parte con el fracaso del todo.

En el historial de Oxfam existen muchísimas buenas obras que no deben dejar de notarse por esta injustificable actitud criminosa de algunos de sus miembros.

La lección que debe extraerse del suceso es que no puede haber acción humana colectiva sin vigilancia y transparencia. La bondad de los que luchan por lo bueno no se puede dar por descontada. Nuestra naturaleza caída se mantiene agazapada esperando la menor oportunidad para salir y mostrar lo peor de todos nosotros.