#LaVerdadVerdad: Corea: Juegos Olímpicos y de Tronos

En el mejor estilo dinástico Corea del Norte envió a Kim Yo-jong , la hermana del gobernante Kim Jong-un, a la apertura de los juegos olímpicos de invierno que tienen lugar en Corea del Sur. Cual en los tronos medievales la confianza se establecía no mediante mensajeros sino que con el envío de miembros de la familia real. Pyongyang dio en el clavo. Los surcoreanos quedaron absortos con la presencia del primer miembro de la dinastía Kim que pisaba Seúl. Ello, desde la conclusión de la guerra (1950-53) que dividió la península coreana. Desde entonces el Norte ha sido gobernado por Kim Il-sung, su hijo Kim Jong-il y su nieto que detenta el poder.

Por cuenta de Estados Unidos, Mike Pence, el vicepresidente, arribó a Seúl con un mensaje de confrontación con el régimen norcoreano. Llamó a endurecer las ya drásticas sanciones económicas. Ello como parte de la estrategia que ha denominado de “máxima presión”. También se reunió con desertores que se jugaron la vida al escapar del norte. Sin embargo, su narrativa tuvo poco impacto.

Para agasajar a los invitados a los JJOO el gobierno surcoreano organizó un gran banquete. Y he aquí un hecho insólito: Washington el aliado estrecho de Corea del Sur, donde mantiene estacionados unos veinte mil soldados, se ausentó de la cena a causa de la presencia de la delegación norcoreana. Nada puede haber dado mayor satisfacción a Pyongyang. Luego Kim Yo-jong, 28 años, invitó a Moon Jae-in, el presidente surcoreano, a un encuentro cumbre en Pyongyang. Esto de parte de los norcoreanos que meses antes ni siquiera se dignaban contestar los mensajes de sus vecinos meridionales.

En el campo protocolar las cosas han dado un vuelco inimaginable. En los hechos, el abismo que separa a las dos Coreas es profundo. La piedra de toque radica en el programa de armas nucleares y misiles intercontinentales de Pyongyang. Kim Jong-un afirma que su país ya dispone de la capacidad para alcanzar cualquier punto de los Estados Unidos. No sería el primer dictador que presume de tener armas de destrucción masiva. Las tenga o no, el gobierno del Presidente Donald Trump ha trazado una línea roja: no tolerará una Norcorea con semejante poder bélico. También Tokio manifiesta su absoluta oposición.

Salvo Estados Unidos, todos los países, incluido Japón, están en contra de siquiera considerar un ataque militar contra Corea del Norte. El principal opositor a la opción bélica es Corea del Sur que pagaría un costo descomunal en vidas, que podrían ascender a cientos de miles, en caso de un conflicto. Pyongyang, pese a sus continuas bravatas, ha hecho trascender que no tiene apetito alguno en confrontar militarmente a Washington.

Con la distensión entre ambas Coreas se abre un camino para una desescalación gradual de tensiones. Ello podría pasar por un acuerdo que permita el control de las instalaciones nucleares norcoreanas por parte de Naciones Unidas. Algo que ocurre con los países firmantes de los acuerdos de no proliferación nuclear. Es temprano aún para vislumbrar una salida. Pero de ocurrir los JJOO serán recordados por su aporte político antes que por sus medallas.