#LaVerdadVerdad: Asalto a la institucionalidad

El continuismo es el rasgo de la cultura política que, expresado desde la misma fundación de la República, es la principal causa de la debilidad institucional. La voluntad de permanencia de nuestros presidentes socava los principios fundamentales sobre los cuales descansa la convivencia democrática.

Esa voluntad de permanencia, contrario a lo que presentan los manuales de historia, no es un proceso que solo depende de los deseos personales de un determinado caudillo o jefe político, sino que es una dinámica que incluye a ciudadanos, militantes políticos, funcionarios, partidos y parte de los poderes fácticos.

El proyecto continuista se sustenta en la popularidad genuina o en la popularidad falsa producto de la cooptación de la sociedad a través de los programas sociales, en el caso de los pobres, o a través de los beneficios derivados de las relaciones mercantilistas, en el caso de los pudientes. El continuismo que no coincide con la estructura de la realidad se disuelve en el aire como pompa de jabón.

La creciente declaración de funcionarios de alto nivel con respecto a la aparente necesidad de la continuidad de la presente gestión parece más, por su poco delicada puesta en escena, un globo de ensayo para medir la temperatura de la reacción antes de la formalización de la voluntad continuista verdadera.

La recepción de las opiniones encontró más rechazo que apoyo. En el caso de lo dicho por Roberto Rodríguez Marchena, por no aportar evidencias sustentadas en encuestas creíbles sobre esa supuesta preferencia mayoritaria del pueblo; en el caso de la diputada Lucía Medina, por realizar una interpretación sesgada producto de una lectura fragmentada de la Constitución.

El contexto normativo actual no ofrece ninguna vía legal que permita suponer con honestidad intelectual que la decisión de una reelección dependa de la íntima convicción del presidente Danilo Medina. La posibilidad de continuar está legalmente cerrada por el mandato de la vigésima disposición transitoria de la Constitución vigente.

El desconocimiento de esta limitación normativa a través de mecanismos de manipulación política cuestionables sería un asalto fatal a la precaria institucionalidad democrática que mantenemos.

El momento presente exige de la mayor madurez de nuestros actores políticos. Los funcionarios deberían estar concentrados en buscar soluciones para nuestros problemas  y no en buscar alternativas para conseguir más tiempo en el poder.

No se debe olvidar la frase de Winston Churchill: el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.