#LaVerdadVerdad: El retorno del populismo autoritario

El péndulo político del mundo oscila desde la democracia liberal hacia el autoritarismo populista. Los hechos indican que es una tendencia que seguirá profundizándose; porque el mundo cuenta hoy con veinticinco democracias menos que hace una década.

El sueño despertado por la caída de un muro hace casi tres décadas es sustituido por la pesadilla de otros muros que aspiran a levantarse. El fin de la historia, que Francis Fukuyama preconizó como el triunfo definitivo de la democracia liberal, realmente es un regreso de la historia a una forma de gobierno personalista, que Fareed Zakaria ha descrito como democracia iliberal; y nuestro Juan Bosch, como dictadura con respaldo popular.

La cultura política global que se perfila es bien conocida por nosotros los latinoamericanos, porque la historia de todos nuestros países está poblada de esos seres dominantes que se erigen en ¨ley, batuta y constitución¨ de todos sus conciudadanos.

La patología personalista populista, se creía solo una enfermedad típica de países periféricos. El mundo desarrollado se pensaba inmunizado por el progreso social y económico obtenido después de la trágica experiencia de los totalitarismos alemán y soviético.

Los cambios tecnológicos y la crisis financiera, al desplazar o reducir la ocupación, crearon una masa de personas indignadas. Esos de ciudadanos desesperados son la audiencia perfecta para el encanto populista.  El problema de nuestro tiempo es que eso está sucediendo en los centros del poder político y económico mundial.

La historia, como dijo Marx, lamentablemente, se repite: primero como tragedia, después como farsa. El teatro político global está presentando un giro copernicano. Los Estados Unidos eligen a Donald Trump; en China se autoriza a Xi Jimping a gobernar por el resto de su vida; Rusia reelige, sin contrincantes, a Vladimir Putin. La lista de la presencia política dominante de los “macho alfa” en la política se podría ampliar incluyendo al populista Narendra Modi, al inflexible Tayyip Erdogan.

El mundo parece encaminarse de regreso a la “hora más oscura” de las autocracia populista. La democracia liberal parece retirarse empujada por las emociones y el desprecio de la razón.

Lo que pasa en el mundo no nos dejará intocados. El oleaje autoritario puede llevarse de encuentro nuestras débiles instituciones. Los signos se pueden leer en cualquier parte. El hecho de que un treinta y cinco por ciento prefiera cualquier otro sistema a la democracia de acuerdo a Latinobarómetro 2017 debe servir de advertencia.

No podemos dormirnos en los laureles de esta democracia imperfecta, porque amanecerá y despertaremos en una dictadura perfecta.