#LaVerdadVerdad: Cambridge Analytica cerró, pero la historia no termina

La compañía Cambridge Analytica cerró básicamente por demasiada mala prensa. Es una práctica común y es más conveniente comenzar algo nuevo, en vez de limpiar un desastre de relaciones públicas.

Existen muchas otras oficinas políticas que recopilan nuestros datos. Por un lado, conocemos operaciones y negocios políticos específicos, como el trabajo de Andrés Sepúlveda en México o InstaGIS, que ha estado recibiendo mucho dinero del gobierno chileno para crear perfiles de votantes. Pero, por otro lado, el mayor elefante en la sala son las compañías de medios sociales como Facebook y Google.

Realmente no importa tanto si Cambridge Analytica tiene 50 o 100 millones de perfiles, porque Facebook hace lo mismo todos los días con 2 mil millones de perfiles. Facebook y Google ya controlan el 25% del mercado global de publicidad y el 75% de la publicidad en línea. Son un oligopolio porque pueden segmentar a cualquier audiencia potencial con un nivel de detalle sin precedentes.

Por supuesto, las campañas electorales son clientes muy valiosos para ellos. Facebook fue muy proactivo en las elecciones presidenciales de 2016 (en Estados Unidos) y creó un equipo especial. La campaña de Trump gastó 70 millones de dólares en anuncios de Facebook, ejecutando 5.9 millones de ellos. En general, en las elecciones de 2016, las diferentes campañas gastaron un total de 1,400 millones de dólares en comerciales en plataformas sociales. No hay nada ilegal aquí.

Si vende frutas, eventualmente le robarán algunas manzanas. Y si vende datos, nunca podrá evitar que pierda algunos, como hemos visto en el caso Cambridge Analytica. Pero, como acabo de decir, no es necesario que un pirata informático ilegal o dudoso tenga agentes comerciales lo suficientemente poderosos como para lavar el cerebro de un electorado democrático con un marketing uno a uno a medida. Esto va en contra del ideal general que subyace a la mayoría de las constituciones democráticas, pero es posible hoy en día: Y no es ilegal.

Ahora, los gobiernos han regulado muchas tecnologías de comunicación anteriormente dominantes. Por ejemplo, en Chile no puede pagar comerciales de televisión y en el Reino Unido solo hay un período de tiempo limitado para anuncios de televisión y radio antes de las elecciones generales. Para las redes sociales, no existen tales reglas. Sin embargo, en muchos países occidentales, entre el 60% y el 70% de la población recibe noticias de las redes sociales. No debemos tratar de remediar algunos de los síntomas, como una fuga de datos, sino pensar en las causas de la enfermedad.

El gran problema es mucho más sistemático y está más enraizado de lo que parece sugerir la discusión actual. Necesitamos reflexionar más sobre el dominio del comercio en el entorno de comunicación que hemos estado creando. Originalmente fue una ambición casi socialista lo que llevó a Silicon Valley a crear servicios libres de dinero para todos, pero al final crearon la máquina capitalista más controladora que jamás hayamos visto en la historia. Es cierto que hoy funcionan Facebook, WhatsApp, Google Search y Google Maps de forma gratuita. ¡Tal como se lo imaginó en la década de 1990! ¿La utopía se ha convertido en realidad? No. Para hacerlo posible, optaron por depender de los comerciales. Y lo hacen. El resultado es que cada comunicación entre usted y yo en esta plataforma está mediada por intereses comerciales feroces.

Tenemos que reconsiderar si no era mejor cuando pagábamos por el teléfono fijo, pero con la garantía de que nadie distorsionaría nuestra comunicación con fines comerciales.