#LaVerdadVerdad: El atentado contra Maduro

“Le vi la cara a la muerte y le dije: ‘Vete, no me ha llegado la hora, vete de aquí muerte, lo que tiene que venir aquí es la vida’”. Así  describió el presidente Nicolás Maduro lo que pensó durante el atentado contra su vida, ocurrido  el pasado sábado 4 de agosto.  El incidente ha puesto de relieve, una vez más, la absoluta polarización política entre los venezolanos.

El gobierno señaló que un par de drones cargados con explosivos intentaron alcanzar el podio presidencial para acabar con la vida del primer mandatario. Hay una grabación de uno de los drones que estalla en el aire sobre las tropas de la Guardia Nacional Bolivariana que celebraban su aniversario. Al escuchar una detonación soldados y civiles corren en busca de refugio. Éste es el primer caso conocido en que se emplean drones para perpetrar un magnicidio. Apenas un par de horas más tarde, Maduro denunció a elementos de extrema derecha venezolanos coludidos con sicarios colombianos. Más drástica aún fue la acusación de que el presidente colombiano Juan Manuel Santos era parte de la conspiración.

En lo que toca a la oposición y numerosos usuarios de redes sociales, la reacción fue mixta. Algunos señalaban que de ser cierto el atentado era una demostración de la fragilidad del régimen. La mayoría, sin embargo, postuló que era un autoatentado destinado a justificar la represión. La incredulidad opositora, que se apresuró en reafirmar su vocación de luchar por medios pacíficos, recuerda lo ocurrido con las granadas lanzadas desde un helicóptero por el capitán Óscar Pérez. El alzado oficial de policía ejecutó la acción el 27 de junio de 2017. Entonces el hecho fue calificado por círculos opositores como un “show” atribuido al propio gobierno. El 15 de enero de 2018, Pérez, que había permanecido en la clandestinidad, fue abatido por fuerzas de seguridad.

Con los antecedentes públicos disponibles es imposible establecer con precisión lo ocurrido. Desde ya, en todo caso, la vigilancia sobre el vuelo de drones se redoblará en actos públicos en que participan altas autoridades. En la actualidad existen dispositivos electrónicos  para impedir que estos aparatos ingresen a determinados perímetros.

Luego del seguimiento periodístico de muchos atentados, es difícil encontrar ejemplos de intentos de un magnicidio urdido por el propio blanco potencial. A ningún mandatario le interesa, ni aun para justificar la posterior represión, señalar la viabilidad de ataques en su contra. Más bien aspiran a proclamar su invulnerabilidad.  El mero hecho que se atente contra la vida de un mandatario abre una interrogante sobre su continuidad en el poder. Ello, porque allí donde hay individuos dispuestos a dar sus vidas para cambiar un régimen está el germen de una resistencia armada. Así, aunque el atentado fracase, siempre tiene un potente valor simbólico.

Lo único que podrá establecer qué ocurrió serán pruebas físicas irrefutables. Pero aun así, si semejante evidencia saliera a la luz, dada la división enconada, siempre habrá  más de una versión de lo ocurrido. En definitiva, cada cual cree lo que quiere creer.

Raúl Sohr
Columnista Metro Chile
Metro Internacional