#LaVerdadVerdad: Las pérdidas

Últimamente hemos tocado el tema de las pérdidas de todo tipo: sentimentales, familiares, materiales, situacionales, de posiciones o roles, puestos de poder, etc. puesto que este es uno de los temas que más nos vulneran como seres humanos. ¿Quién no ha atravesado por pérdidas para las que no estaba preparado/a, o que sentía que no se merecía? ¿Quién no tiene miedo a perder aquello que más ama?

Pero lo real es que la vida en este planeta es así, y seguramente en el plan perfecto de una inteligencia suprema, el diseño de una escuela en donde se aprende a cambiar constantemente, a lidiar con la dualidad, a experimentar el ciclo vida-muerte de todo cuanto existe, tiene un propósito magistral del cual no alcanzamos a ver la magnitud o el total significado.

Enfrentarnos a las pérdidas por eso es la prueba máxima por el grado de dolor que nos puede causar, y lo importante no es inventarse una maña para no pasar por ellas, porque esto es imposible además de auto-engañoso, sino aprender a mirarlas de frente para desvanecer la terrible y espeluznante cortina de humo que representan.

Atravesar por estas noches oscuras en donde se nos mueve el piso por tener que aceptar que algo o alguien a quien amábamos tanto ya no está, es una prueba durísima. Es como dejarse quemar por el fuego del espíritu del que nunca jamás saldremos iguales. Por eso si sientes que la situación te sobrepasa, que es más honda la herida que tu fuerza para levantarte y seguir adelante, consulta a los diferentes profesionales que pueden ayudarte.

No creas que eres el único que atraviesa por semejante pena. No te quedes ensimismado/a bajo las cobijas pensando en que nadie puede comprenderte o aliviarte el dolor. Aunque en el momento pareciera que estamos justo en medio de un infierno del que nadie será capaz de sacarnos, siempre existe una luz, un canal, una vía, por el que un poder superior nos inunda de resignación y nos vuelve a infundir de ganas de continuar.

Pero hay veces que no podemos hacerlo solos encerrados en cuatro paredes y peor, en las cuatro paredes de nuestros pensamientos. Escuchar, leer, inspirarse de otras personas que han atravesado algo parecido, o de expertos en el tema del desapego o de los procesos de pérdida, si bien no nos exenta de vivir lo que por fuerza tenemos que vivir, sí nos da muchas más y mejores herramientas para traspasar la tormenta, o el desierto, con menos sufrimiento.

Para superar todos los cambios a los que la vida nos enfrenta tenemos que tener la suficiente humildad para reconocer que en comunidad, en unidad, y en consciencia, somos más fuertes y principalmente, más completos. Es importante como no nos podemos imaginar el salir de nuestro tormento para recibir la ayuda necesaria, porque a veces lo que ocurre es que sólo tapamos la herida sin verdaderamente sanarla y es cuando, en el largo plazo, vemos los estragos de una depresión profunda que nos ha paralizado o nos ha convertido la película de la vida en un túnel oscuro al cual tristemente nos acostumbramos.

Ampliar la manera en la que concebimos una pérdida a través de un proceso terapéutico o al menos de lecturas e información que reentrenen las precarias maneras que aprendimos para, a duras penas, sobrellevar el cierre de un ciclo, la muerte de un ser querido, la pérdida de la salud, etc. ejercitará el músculo de la resiliencia en nosotros, que es la capacidad de regresar lo más aproximado a la forma original, es decir, a que nuestra vida tome su ritmo para tejerla cotidianamente con más claridad, menos heridas abiertas, menos dolor y mucha más sabiduría.

Sí es posible, pero como todo, tenemos que poner empeño, voluntad y recursos para experimentar las pérdidas que todo mundo vivimos como si fuera un proyecto más de nuestra vida: instruido, enriquecido, hasta cierto punto planificado, y sustentado, porque de hecho, lo es. No hay esfuerzo que no sea recompensado y les aseguro que si enfrentan este tema con lo mejor de ustedes, llegarán a ser los más grandes maestros de ustedes mismos.

Por: Toño Esquinca
Analista