#LaVerdadVerdad: Gran Bretaña escala frente al Brexit

Los británicos están enfrentados a su peor enemigo: ellos mismos. El propósito de abandonar la Unión Europea (UE) divide en forma brutal al Reino Unido. La decisión de romper lazos con la asociación de 27 países fue adoptada en el referendo de junio del 2016. El margen entre los partidarios del Brexit y los que querían mantenerse en la UE fue estrecho: 52 % a favor de la salida y 48% por quedarse. El grueso de los votos por el abandono correspondió a los ingleses contrarios al proceso de globalización y con menores niveles de estudios. Los escoceses y los norirlandeses, en cambio, votaron por pertenecer a la UE.

Los británicos siempre han mirado con cierto recelo a los europeos, a los que denominan continentales. En el siglo XIX lucharon y derrotaron a la Francia de Napoleón. En el siglo XX hicieron otro tanto en dos guerras mundiales contra Alemania y sus aliados. Para evitar nuevos choques sangrientos tras la última conflagración, Francia y Alemania lideraron el proceso que culminó en la UE. Londres observó este desarrollo desde la distancia y sólo se unió tras agrios debates en 1973. Ya de entrada, hubo considerable resistencia por parte de quienes consideraban que el país renunciaba a su plena libertad de acción. Ello, sin duda, era cierto, pues el ingreso a una institución con normas obliga a acatarlas. En el caso británico gravitaban además los compromisos con sus ex colonias, que conforman la Mancomunidad de Naciones (la Commonwealth). Por otra parte, Gran Bretaña se ve a sí misma como una nación atlántica, equidistante políticamente entre Europa y Estados Unidos. Con frecuencia ha primado la “relación especial” que une a Londres con más fuerza a Washington que a alguna capital europea.

Es llamativo que en la década de los 80 Londres bajo la conservadora Margaret Thatcher y Washington del republicano Ronald Reagan, fueron los grandes impulsores del auge del neoliberalismo. Ambos iniciaron la gran cruzada por las desregulaciones, el libre comercio y la reducción del Estado. Hoy Estados Unidos, bajo Trump, opta por el proteccionismo encapsulado en la consigna de “América primero”. El Brexit es su equivalente en términos de un nacionalismo nostálgico de días de gloria pasados.

Un rasgo sobresaliente de los británicos, a lo largo de su historia, ha sido la claridad de propósitos en cuanto a su interés nacional. Para bien o para mal han tenido una mirada certera sobre las amenazas y cómo enfrentarlas. Hoy los británicos coinciden en que no recuerdan semejante división política. El país carece de liderazgo, pero no porque falten líderes. Es la fractura de la sociedad, que se reproduce en los partidos políticos y el Parlamento. Ello ha llevado a una virtual parálisis. Los empresarios, a ambos lados del Canal de la Mancha, claman por claridad sobre el futuro para decidir sus próximos pasos. Ha pasado casi un año y medio desde el referendo que dio luz verde al Brexit y aún predomina la confusión y la incertidumbre. Está por verse si el gobierno de la primera ministra Theresa May sobrevivirá a la última ronda de negociaciones con la UE. La moneda está en el aire.

RAÚL SOHR
ANALISTA INTERNACIONAL
METRO INTERNACIONAL