#LaVerdadVerdad: Corea: Sin salida a la vista

Todo era cordialidad: Donald Trump dejó de llamar “rocket man” a Kim Jong-un para elevarlo a la categoría de “hombre inteligente y capaz”. Llegó, incluso, a hacer la vista gorda sobre la muerte de Otto Warmbier, un estudiante estadounidense que sufrió daño cerebral mientras estaba en una cárcel norcoreana. Trump declaró que aceptaba la versión de Kim que dijo ignorar las “cosas realmente malas” que ocurrieron al infortunado joven, acusado de sustraer un poster de propaganda. Kim, a su vez, se abstuvo de llamarlo “yankee imperialista, que ladra como un perro asustado”.

Tal era el entusiasmo de Trump, que convenció a Shinzo Abe, el primer ministro japonés, para que lo nominara como candidato al Premio Nobel de la Paz.

La relación entre Estados Unidos y Corea del Norte marchaba viento en popa, al punto que se especuló que podrían firmar un tratado de paz. Hoy sólo rige el armisticio establecido al concluir la guerra coreana en 1953. Es una tradición conceder el Premio Nobel  a quienes logran la paz tras una guerra.

Antes de la cita entre Trump y Kim, la semana pasada en Hanoi, los  gobernantes tenían sus respectivas ambiciones.

Para Trump, era la reivindicación de su estilo personal y espontáneo de diplomacia. Lograr la desnuclearización de Corea del Norte se perfilaba como la joya de su política exterior. Su manejo de la situación coreana le ha valido numerosas críticas por la falta de rigurosidad en la preparación de los encuentros. Pero, por sobre todo, por comprometer la más alta instancia política del país, la presidencia, en reuniones con un desenlace incierto.

Para Kim, levantar las sanciones económicas internacionales es un requisito para el desarrollo del país, una vez más amenazado por una hambruna debido a malas cosechas.

La reunión en Hanoi fue un fracaso estrepitoso pues concluyó en forma abrupta, sin acuerdo alguno. Ahora, según el Servicio de Inteligencia Nacional de Corea del Sur, se  ejecutan obras de rápida reconstrucción en Tongchang-ri, en el emplazamiento de cohetes de largo alcance de Sohae destinado al lanzamiento de satélites. El dilema es que no hay gran diferencia entre los cohetes intercontinentales y los destinados a la exploración espacial.

La respuesta de Washington no tardó. A la hora de las amenazas, John Bolton, el asesor de Seguridad Nacional de Trump, está siempre presente: advirtió que  sanciones demoledoras “serán incluso incrementadas” si no avanza el proceso de desnuclearización. Los norcoreanos han motejado las exigencias estadounidenses como “unilaterales demandas de tipo gangsteril para la desnuclearización”. Pese a todo hay un avence: Corea del Sur anunció el fin de los masivos ejercicios militares con Estados Unidos realizados anualmente. Las operaciones eran percibidas por los norcoreanos como preparaciones para un ataque. Así, se ha removido una de las fuentes de tensión en la explosiva región.

RAÚL SOHR
ANALISTA INTERNACIONAL
METRO INTERNACIONAL