#LaVerdadVerdad: Mozambique, una tormenta perfecta

La gente huía despavorida por la planicie costera de Mozambique. Vientos huracanados, de 170  kilómetros por hora, agitaron el océano Índico creando olas gigantescas que entraron kilómetros tierra adentro. Una lluvia cerrada engrosó los ríos que desbordaron sus cauces. Los niveles de las aguas en muchos puntos sobrepasaron los techos de las casas. Un último recurso fue subir a la copa de los árboles. Para desgracia de los fugitivos ,cuanta criatura viviente capaz de trepar ya había buscado refugio en ellos. Así, los árboles estaban repletos de culebras, arañas, roedores y otros bichos.

El balance del ciclón Idai arroja hasta este momento más de 300 muertos y se estima que la cifra final superará el millar. Las personas desplazadas en Mozambique, Zimbabue y Malawi suman millones que están en condiciones de extrema precariedad. Una de las localidades más afectadas es la ciudad costera de Beira, con medio millón de habitantes, donde cerca de 90 por ciento de sus edificaciones resultaron dañadas o destruidas. Ello incluye hospitales, colegios y los precarios caminos de la región.

Idai ya es considerado como el mayor desastre climático del hemisferio sur. Ninguna tormenta tropical puede ser atribuida a una causa única. Pero en la ferocidad de Idai contribuyen dos factores derivados del calentamiento global: el aumento de la temperatura de los mares y la subida de sus niveles. Son las mismas condiciones que, en los últimos años, han provocado un número récor de huracanes que han barrido el Caribe y la costa atlántica de Estados Unidos. La inequidad determina que en África las pérdidas, en todos los campos, sean mucho mayores. En Estados Unidos las muertes son menores, pero la temporada de huracanes de 2017 fue una de las más costosas en la historia del país. Según estimaciones de AccuWeather, el costo combinado de Harvey, que arrasó el estado de Texas, y los daños causados por Irma en Florida, superaron los 290 mil millones de dólares.

En diciembre, Chile será sede de la llamada Conferencia de las Partes (COP, versión 25) organizada por Naciones Unidas. Ésta es la instancia que reúne a los gobiernos, científicos y activistas ambientales para debatir cómo frenar el calentamiento global. Las diferencias de criterio entre los países  y el efectivo lobby de la industria del carbón, las petroleras y las automotrices han neutralizado medidas urgentes. Noventa mega industrias son responsables de más del 40 por ciento de las emisiones de CO2, el principal de los gases de efecto invernadero. Ellas contribuyeron a que Estados Unidos se marginase del Acuerdo de París de 2015, que instaba a los países a fijar modestas metas de reducción de las emisiones. La ausencia de acuerdos internacionales vinculantes augura que en  Santiago tampoco se detendrá la mayor amenaza que pesa sobre todos nosotros.

RAÚL SOHR
ANALISTA INTERNACIONAL
METRO INTERNACIONAL