Un ave en una jaula grande

Elecciones en EE.UU. Melania es una inmigrante panameña que durante años luchó para obtener la ciudadanía estadounidense. Ella ve, en la campaña de Donald Trump, las barreras que tuvo que enfrentar para poder tener la oportunidad de votar y contribuir, a través de sus impuestos, a la sociedad que la acogió.

Un ave en una jaula grande

Desde 2015 Melania Velásquez Gutiérrez es ciudadana estadounidense. El proceso de inmigración empezó el 3 de septiembre de 2001, después de vivir 10 años como indocumentada, hasta que recibió su residencia permanente en 2009; después estudió y se convirtió en asistente médico. Ella votará, anticipadamente, por primera vez en su vida en estas elecciones presidenciales.

La decisión de Melania no podría ser más clara: “Trump no”, una opción bastante simple, a primera vista. Sin embargo, cuando estaba en el cubículo, lo pensó y se retractó: “No sabía que tenía que votar por los estatutos completos. ¿Quiero un impuesto a la educación? Realmente no lo sé, tenía que haber averiguado más. Todo parecía tan claro que no me tomé el tiempo para analizar”.

Fue la primera vez, a los 32 años, que ella votaba. Llegó a Estados Unidos a los 17 años, con una visa de turista y nunca había participado en una elección en su país de origen, Panamá. En suelo estadounidense, presenció la llegada de dos presidentes de dos bandos diferentes y vivió cuatro mandatos más, antes de poder elegir en su país de adopción.

Melania llegó a Estados Unidos aterrizando en la Florida, en la pequeña ciudad de Belle Glades, con una visa de turista por seis meses, que solo podía ser renovada una sola vez por el mismo período de tiempo. En septiembre de 2002, se topó con inmigrantes indocumentados que estaban lejos de casa. “La diferencia entre los inmigrantes ilegales y los indocumentados es que yo no he cruzado la frontera escondida en un barril en la parte trasera de un camión. Aparte de eso, ambos conceptos son la misma cosa. No se tiene derecho a nada”.

Entre el tiempo de su llegada a Estados Unidos y la obtención de la residencia permanente, Melania nunca pudo poner los pies en Panamá, donde sus amigos y familia todavía viven. Diez años después de su partida, por primera vez, ella regresó a su país natal.

Para pagar sus estudios, alimento y hospedaje, trabajó de día y estudiaba por la noche todo, por supuesto, “por debajo de la mesa”.  “La gente se queja de que los inmigrantes ilegales tienen beneficios públicos sin pagar impuestos, pero la verdad es que las personas sin papeles serían mucho más felices trabajando legalmente y por lo tanto contribuirían a la sociedad, pero no pueden hacerlo. No nos dan las mismas oportunidades”.

Para obtener una residencia permanente, el proceso puede durar años, por lo que es casi imposible trabajar durante este tiempo. Según Melania, algunos indocumentados compran un número falso de impuestos para poder trabajar. Pagan entonces impuestos que jamás podrán recuperar.

Ella compara la situación de los ilegales con aquellas aves que viven en una jaula grande. “Usted puede ir prácticamente a cualquier parte una vez en Estados Unidos, pero no puede salir, y sobre todo, no puede hacer nada. Incluso para obtener la licencia de conducción (mientras está en trámite el proceso de residencia) se puede demorar más de 10 años! Cuando esto se vuelve ridículo, es normal decir: ‘No importa, ¡voy a conducir sin permiso!’”.

Para Melania, quien ha logrado evitar las redadas de inmigración, ver a un candidato como Donald Trump a un paso de conseguir la presidencia es el colmo de los males. “Yo, que he luchado casi 15 años para ser una trabajadora honesta para pagar impuestos. Y él, un multimillonario, ¡no ha pagado nada durante 20 años! ¡Es terrible! Hoy soy una ciudadana estadounidense, trabajo 12 horas al día, tengo un niño de nueve meses, Lucas, y debo pagar 40 % de impuestos”.

De izquierda a derecha

Si el dilema fuera votar por un republicano, debido a Donald Trump, Melania hubiera tenido que hacer una elección aún más complicada si el partido hubiera seleccionado a otra persona ¿Otro elemento que se suma a esta compleja deliberación política? Ella cree que el mejor sistema de salud es el financiado por el Gobierno, como en Canadá. “Hillary quiere arreglar el Obamacare y Trump quiere restaurar el orgullo de las compañías de seguros. Pero ¿reparar qué y cómo?”. Para Melania, el sistema de salud tiene un equilibrio complejo. Hillary debe tomarse el tiempo para analizar todos sus componentes antes de mover una sola pieza.

Un pasado que hay que recordar para el futuro

Ella contempla lo que ha hecho en los últimos 15 años y se da cuenta del camino que ha recorrido. En 2001, cuando su avión aterrizó en la pista, no tenía ni idea de que una semana después dos aviones se estrellarían contra el World Trade Center en Nueva York, cambiando la percepción de los inmigrantes en Estados Unidos, independientemente de su país de origen.

Melania no tenía idea de las barreras que se le atravesarían en el camino. Una maratón de 15 años llena de obstáculos. Una maratón que no ha terminado. Si abre la jaula, otros barrotes estarían ahí, jaulas de otras índole. Ella recuerda que sigue siendo la persona con el salario más bajo de su equipo en el hospital. Un joven “blanco y bien peinado” es el coordinador de su unidad… aun tiene menos experiencia que ella.

La espera y la incertidumbre han formado parte de la vida adulta de Melania. ¿Su familia retendrá su historia en su memoria? Incluso, ¿Lucas o su marido recordarán en unas pocas décadas el tortuoso camino que ella ha recorrido? Ella no es ingenua. Melania sabe que solo sobrevivirán los que comprendan la realidad. Se atreve a creer que su familia está comprendiendo mejor los desafíos que deben enfrentar los inmigrantes todos los días.

Posiblemente Lucas le contará su historia a sus compañeros de escuela o a sus amigos de la universidad mientras se toman una cerveza. La historia de su madre, una inmigrante indocumentada, estudiante, asistente médico y que siempre persistió.

Reunificación familiar: A la espera de su marido

Quince años después de su llegada a suelo estadounidense, Melania se casó en Panamá durante una de sus visitas a su país de origen. “¡Me imagino que los estadounidenses no son muy de mi gusto!”. El padre de Lucas espera una respuesta de inmigración semana tras semana. Si todo sale bien, él conseguirá la residencia permanente el mes próximo.

Él nunca ha puesto un pie en EE.UU.y no habla inglés. Un miedo que Melania expresa: “No hay ninguna razón para que se la nieguen. El matrimonio es legal, nos amamos. Este no es un matrimonio por conveniencia. Tengo miedo de que simplemente no le guste esto aquí”.

Melania teme que su marido viva la misma historia que su padre. Único miembro de la familia Velásquez que no vive en Estados Unidos, recibió su residencia permanente, pero se fue porque no hablaba el idioma y tampoco tenía la motivación para aprenderlo. Melania cree que su marido se adaptará bien cuando se reúna con la familia.

Cambios
De izquierda a derecha

“Cuando era más joven, tenía una inclinación hacia la izquierda. Pero ya mayor, me estoy viendo más inclinada hacia la derecha”. Melania Velásquez Gutiérrez, ciudadana estadounidense de origen panameño, recuerda la corrupción endémica en su país de origen.

A la señora Velásquez de Gutiérrez, quien trabaja en un hospital, la enfurecen algunas cosas del sistema de salud estadounidense, como por ejemplo, las mujeres que no tienen dinero para pagar una prueba de embarazo en la farmacia van a urgencias para un tratamiento, y ella sabe que no tiene otra opción que atenderlas, aunque esto obstruya el sistema.

Melania, que conoce la realidad de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, no va a votar a favor de Donald Trump, a pesar de que su corazón se inclina hacia el partido republicano. Ella espera que su experiencia, que se remonta a 2001, sirva de lección a su hijo, Lucas. Isabelle Bergeron /Metro
 

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