Educación básica o superior ¿dónde está el problema?

Debate: Las academias resaltan las deficiencias preuniversitarias. La escuela lamenta la calidad en la formación de los maestros.

Por Manauri Jorge @manaurijorge
Educación básica o superior ¿dónde está el problema?

Responder la pregunta del título de esta nota es adentrarse en la misma discusión del huevo o la gallina. Los docentes universitarios afirman que las fallas de la educación dominicana están en las escuelas, mientras las autoridades de la educación básica señalan a las academias superiores como las formadoras de maestros incompetentes. Cada bando acredita culpables, pero realmente, ¿dónde está el problema?

A finales de julio el exministro de Educación, Carlos Amarante Baret, fue categórico al denunciar que la mayor responsabilidad de tener unos resultados vergonzosos en materia cognitiva se debe a fallas en el modelo universitario. Sin rodeos, señaló al Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología como el principal culpable, enunciado que recibió el rechazo de los sectores afectados.

Hace tres años el expresidente Leonel Fernández dijo que el problema con las universidades es que no forman profesionales capaces de insertarse en el mercado laboral. “El problema no es de acceso, sino de calidad”, afirmaba.

La doctora Helen Hasbún, especialista en educomunicación, destaca que el modelo añejo que se usa no se corresponde con las competencias de la vida y el mercado.

Empero, Hasbún sostiene que no se trata de buscar culpables entre las escuelas o universidades porque todos los informes nacionales e internacionales muestran las fallas en ambos escenarios. A su juicio, el problema está en el modelo educativo que se usa en las escuelas y universidades; aunque son niveles distintos, se manejan con el mismo método anacrónico de origen.

La también especialista y docente Anny Martínez explica que la educación básica se enfoca en las habilidades motoras, las relaciones sociales e interpersonales, la familia y los valores; la educación superior explota toda la ciencia y el razonamiento. “Ambas son indispensables y por eso el tema debe analizarse en conjunto, con propuestas que beneficien realmente a todas las partes”, observa la académica.

El comunicador y diputado José Laluz aboga por políticas educativas que resalten las competencias y habilidades. Se va por las inteligencias múltiples de las que habla Howard Gardner, idea que es secundada por la educadora Martínez aunque ella subraya que es imposible desarrollar un enfoque por competencias en un salón de clases con 40 estudiantes porque la masificación rompe el equilibrio.

Para medir el aprendizaje se establecieron las Pruebas Nacionales, pero solo incluyen cuatro asignaturas básicas y discriminan las artes, deportes, idiomas y tecnología.

La directora del Distrito Educativo 10-06, Miguelina Alcina, entiende que estos exámenes no miden las aptitudes de los postulantes ni sus competencias. “El dinero de las Pruebas hay que invertirlo en capacitación”, sostiene.

El ministro Carlos Amarante confirmó que este año el 88.4 % de los estudiantes lograron pasar las Pruebas Nacionales; sin embargo cuando se desmenuza el informe se desinfla el entusiasmo al constatar que el promedio de las calificaciones fue 17.6 de 30. Con resultados tan bajos en las pruebas, es obvio que venían con mejores promedios del período completo, de modo que lograron un balance general que les evitó reprobar. Desde esa premisa también se debe analizar a fondo por qué los centros cuyos alumnos alcanzan menor desempeño reciben reproche o reprimenda, pues estas escuelas y colegios podrían alterar las notas de los estudiantes. A fin de cuentas quedar bien justifica los medios y más si hay tantos recursos.

“Hay que desarrollar estrategias que atiendan las debilidades del sistema público y privado, en los tres niveles educativos; básico, medio y superior. Es una trilogía en las fallas: metodología, programas educativos y la desmotivación, y si no se trabaja en conjunto, no importa los esfuerzos independientes que se hagan, los resultados serán los mismos”, sentencia Martínez.

¿Entonces, el problema es de enfoque?

A finales de los años 70 la UNESCO dio el visto bueno de un nuevo paradigma educativo cuando ni siquiera se conocía de Internet en las aulas y las computadoras estaban en proceso experimental. Se trata de la EduComunicación, un enfoque que aboga por la estrecha relación de las personas y las TIC en escalas de inteligencias múltiples y las competencias.

El brasileño Paulo Freire fue uno de los primeros en abordar este tópico y partía de esta premisa: “Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”. La educomunicadora Hasbún plantea que esta modalidad “nos sitúa en un pensamiento crítico que debe abogar por una enseñanza de calidad, algo más incluyente”.

José Laluz entiende que los gobiernos posdictadura no se ocuparon de la calidad educativa porque “un pueblo culto es difícil de dirigir”, y eso se sustenta en que el promedio cognitivo de los estudiantes de básica y media esté en un quinto grado. Para mejorar eso, en 2012 las partes involucradas en el sistema firmaron un “Pacto por la Educación” que comenzó con la inversión del 4 % del PIB en el área.

Ya han pasado cuatro años y la calidad educativa sigue igual –o peor–, y la pregunta al político es por qué: “Nos hemos ocupado de la infraestructura escolar y el ingreso de los maestros, pero falta el contenido en las aulas y la capacitación docente para enfrentar los retos del siglo XXI. El Gobierno debe definir el modelo educativo que quiere porque lo que se enseña se usa poco fuera del aula”, afirma LaLuz.

Hasbún entiende que el país necesita adherirse a un sistema que apueste a una calidad educativa con garantía de crecimiento y desarrollo, que forme profesionales competentes acorde a los procesos socioeconómicos de la época. “Hay que reducir la brecha, afianzar la tecnología y capacitar a los maestros. Debemos pasar de la información al conocimiento”.

De acuerdo con el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, en esta media isla hay cinco millones de personas con acceso al ciberespacio y de esas hay tres millones que se conectan diariamente. El 70 % de los niños de nueve a 17 años usa Internet todos los días, frente al 40 % de los que van de 0 a ocho.

Para ser más exactos, de 13 a 17 años los adolescentes se conectan 2.3 horas al día; de 18 a 24 años la conexión aumenta a 3.3 horas y de 25 a 34 baja a 2.8 horas. El promedio de horas que la escuela destina para la informática básica es de dos a la semana. Algunas aulas tienen TIC a disposición de la cátedra, pero algunos profesores prefieren la pizarra verde al proyector.

En lo que respecta a la educación superior, Hasbún entiende que las universidades deben capacitar en educomunicación porque lo que se busca es que el docente aprenda a dominar las herramientas TIC, “pero no solo desde el pragmatismo, sino que pueda producir conocimiento desde y con la tecnología porque es el lenguaje de sus educandos”.

Según ella, si no acogemos la investigación como parte del cambio académico, no podremos sumergirnos en la tecnociencia –lo mismo que destaca el diputado cuando asegura que las universidades no hacen ciencia, sino que tratan de enseñarla solo en teoría–. Apunta a la UASD como la principal academia de movilidad social para los pobres, pero sin dirección estratégica.

“La educación pública debe tener dos objetivos: enfocar la cátedra hacia los nichos que la económica dominicana necesita, y la meritocracia, oportunidades que se den por méritos, y que eso contemple no solo el financiamiento de una carrera sino generar ambientes motivadores para los estudiantes. ¿Para qué graduar más contables, médicos o abogados si el mercado está saturado”, se pregunta Laluz, quien asevera que el financiamiento público debe estar enfocado hacia las carreras que el país necesita, no al antojo particular.

Hasta diciembre de 2015 había 580,981 estudiantes universitarios con un 12.2 % en contabilidad, otro 11.5% en educación, un 9 % en administración de empresas y un 8.9 % en derecho. La academia estatal reúne casi el 50 % de la matrícula, pero sale muy mal parada en las mediciones.

Tanto el legislador como la educomunicadora entienden que dentro de las aulas hay una contradicción porque los estudiantes son digitales y los docentes análogos, por ende no existe la comunicación efectiva sin códigos comunes. Si bien es cierto que la diferencia generacional no es una barrera indestructible, para enseñar y aprender debe haber disponibilidad de ambas partes.

Hace unos meses el Gobierno lanzó la República Digital, un programa que busca conectar al ciberespacio todos los rincones del país y crear las condiciones para que cada dominicano tenga acceso a la tecnología. También contempla el gobierno electrónico, la digitación de los procesos administrativos y las TIC en las aulas, sobre todo porque ahora no se concibe la educación sin web.

La Acción Empresarial por la Educación (Educa) presentó sus números de 2015, en los que precisa que el país pasó de muy deficiente a deficiente en las calificaciones (de F a D). En comparación con sí mismos los dominicanos mostraron avance –sobre todo por el 4 %–, pero si el símil se extiende a otras latitudes sacamos las peores notas en lectoescritura, ciencias y matemáticas.

Con la inversión del 4 % del PIB en educación se ha mejorado en cobertura y número de aulas. También los docentes han aumentado el poder adquisitivo, porque el promedio salarial por ambas tandas está entre los 43,000 y 50,000 pesos, lo que ha motivado que pasemos 67,858 maestros en 2012 a 84,039 para finales de 2015. La meta ahora es tener un millón de alumnos en la jornada extendida, pero eso no garantiza mejoras en la calidad sino se cuenta con una planificación óptima. Educación habla de un nuevo modelo, sin embargo no se especifica cuál es o será.

La realidad confirma que el problema no excluye niveles: tanto básica, media y universitaria son responsables. El descenso se mantendrá si, por lo visto, no se mejora o cambia a otro modelo educativo que valore las competencias, amplifique las inteligencias múltiples, priorice la calidad ante la cantidad y logre el salto esperado del carbón al clic. “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”, dijo Benjamín Franklin. Entonces… ¿qué esperamos?

“Nos hemos ocupado de la infraestructura escolar y del ingreso de los maestros, pero falta el contenido en las aulas  y la capacitación docente para enfrentar los retos del Siglo XXI”, José Laluz

Comunicador social y diputado por el gobernante Partido de la Liberación Dominicana.

EDUCACIÓN BÁSICA

• En el Informe de Competitividad Global del FMI República Dominicana tiene el puesto 138 de 144 en educación básica y 128 en educación media.

• El Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación nos ubica en último lugar al nivel regional con 448.7 puntos. Chile, con 573.1, queda puntero

• El promedio cognitivo de estudiantes urbanos es de un sexto curso y un cuarto para los rurales. La media es un quinto nivel.

• La currícula actual se instauró en 1995 y no ha sido modificada; desde 2013 se reinventa la oferta y se presume que este año se cuente con una nueva.

• Hay un 96 % de inclusión escolar pero solo el 7 % de los estudiantes logra un título universitario. Hay un 37.5 % de deserción en educación básica frente a un 16% de la educación media.

En el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo los estudiantes dominicanos obtuvieron el último puesto de los latinos. La media era 700 y sacamos 614.

EDUCACIÓN SUPERIOR

• En el Informe de Competitividad Global del FMI, la educación superior dominicana está en el puesto 142 de 144 naciones.

• En el Octavo Concurso de Oposición Docente de 2014 casi el 60 % de los maestros que fue evaluado no logró alcanzar el nivel mínimo exigido para entrar formalmente al sistema educativo.

• El 94 % de las empresas debe invertir en la formación comunicacional y en la práctica de los nuevos empleados egresados de universidades locales, según ANJE.

• De 27,000 profesionales que participaron en un concurso de capacitación, solo 3,000 pasaron el examen. O sea, menos de un 12 % maneja las competencias básicas requeridas.

• En la clasificación de las mejores universidades americanas que realiza la firma Quacquarelli Symonds Ltd, la academia local con el puesto más valorado es la PUCMM en el 175 de 395. La UASD está en el peldaño 310

• El 80 % de los egresados públicos no labora en su área de estudio por varias razones: saturación del mercado, baja capacidad cognitiva, falta de práctica y remuneraciones pírricas de parte de las empresas.

Loading...
Revisa el siguiente artículo