Viaje directo al corazón del eclipse

Un relato de la como la manera en que se vivió el eclipse a 38 mil metros de altura

Por Gabriel Arce Granizo www.publimetro.cl

Pocos podrán decir que tuvieron la mejor vista del mundo del eclipse, salvo aquellos que fueron parte de la tripulación de los dos vuelos de SKY y NatGeo “Into the Dark”. De manera especial, ambos fueron más allá de lo que llega un vuelo comercial, encumbrándose sobre los 38 mil metros de altura.

Viaje

“Es un sueño que veníamos organizando hace harto tiempo desde Samsung, junto a NatGeo. Por lo mismo quisimos disfrutarlo nosotros junto a 10 clientes que invitamos”, dijo Elías Inostroza, master training de Samsung.

Entre los pasajeros célebres estaba la eminencia de la astronomía y premio Nacional de Ciencias, María Teresa Ruiz, así como el divulgador científico Gabriel León.

La expectación era mucha. Los propios pilotos se llamaron a ellos mismos como “cazaeclipses”. Y no era para menos, ya que para encontrarse en el momento y lugar exactos en el momento de la oscuridad total, debían despegar en el minuto correcto, velocidad específica y dar el viraje oportuno rumbo a Coquimbo para no perder segundos. Para ser más precisos, despegar a las 15:36 horas, viajar a poco más de 850 kilómetros por hora y llegar exactamente a la franja de la oscuridad total a las 4 de la tarde, con 39 minutos y 15 segundos. A pocos minutos del despegue, el piloto dio el aviso que desde su cabina la fase parcial del eclipse ya estaba siendo visible.

De ahí en más, todo se resumió a un alboroto total dentro del avión, luchando cada uno por conseguir la vista directa desde el sol. El tamaño de las ventanillas poco ayudó, sumado a que, durante el viraje desde Valparaíso hacia La Serena, el sol pasó del lado derecho al izquierdo del avión.

Captar el eclipse desde el teléfono no fue una tarea sencilla: se necesitaba un filtro propio para la cámara y manipular el Iso y la exposición. Sin embargo, el Samsung Galaxy S10 facilitado por la organización ayudó bastante.

Conseguir la fotografía fue arduo y esquivo. Todo cambió, sin embargo, cuando por sobre las nubes se comenzó a divisar la penumbra que venía hacia el avión. Fueron los dos minutos de mayor expectación en las poco más de dos horas de vuelo. Poco después, llegó la oscuridad.

No sé trató de la penumbra completa que se pudo divisar en tierra a la altura de Coquimbo, ya que a 38 kilómetros de altura, el Sol, pese a estar tapado completamente por la Luna, dejó ver una postal anaranjada en las nubes, junto a un horizonte con un azul tenue que entregó una postal inigualable. Ese escenario, sin duda, puede repetirse contadas veces en una sola vida.

Durante 2 minutos 30 segundos todo fue silencio, murmullo y gestos de asombro. “Jamás imaginé que podría ver algo así, fue una experiencia total. Quién diría que mi primer vuelo en avión fue hacia un eclipse. No tengo palabras”, expresó Jorge Salas (24), uno de los pasajeros afortunados que consiguieron un boleto para ir literalmente directo al eclipse.

Tal fue el momento, que incluso el piloto, Klaus Van Storch, dijo emocionarse. “Cuando llegamos al eclipse total me emocioné. Fue gratificante llegar al momento preciso, ni siquiera nos abrazamos 15 segundos. Veníamos preparados para que todo saliera bien. Por eso veníamos acompañados por gente de la Nasa y un software especial que nos permitía tomar decisiones en el momento”, agregó.

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