Uruguay define la continuidad del frente izquierdista

Por FERNANDO LABORDA

MONTEVIDEO.- Alrededor de 2,7 millones de uruguayos podrán concurrir el próximo domingo a las urnas para decidir la continuidad en el poder del izquierdista Frente Amplio, que lleva 15 años en el gobierno, o un giro hacia una derecha que hoy se encuentra fragmentada en tres distintas fuerzas políticas.

El candidato presidencial con mayor intención de voto en las encuestas es Daniel Martínez, exintendente de la capital uruguaya apoyado por el actual presidente, Tabaré Vázquez, y el veterano líder “Pepe” Mugica. Sus principales rivales son Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional; el economista liberal Ernesto Talvi, del Partido Colorado, y el militar ultraderechista Guido Manini, declarado admirador del presidente brasileño Jair Bolsonaro, por Cabildo Abierto.

A juzgar por los distintos sondeos de opinión pública conocidos, habrá que esperar hasta el 24 de noviembre, fecha prevista para la hipotética segunda vuelta electoral, para conocer al sucesor de Tabaré Vázquez.

El régimen electoral exige obtener más del 50% de los votos para triunfar en la primera vuelta y, según la última encuesta nacional de la consultora Fáctum, Martínez estaría obteniendo el apoyo del 38% de la ciudadanía; Lacalle, el 27%; Talvi, el 16%, y Manini, el 10%, mientras el resto de los votantes se inclinaría por otras expresiones minoritarias. De modo que el escenario más probable sería un balotaje entre los candidatos del Frente Amplio y del Partido Nacional, en el que la actitud de los votantes de las terceras fuerzas resultará decisiva para definir la elección.

El Frente Amplio se aferra a los logros de sus primeros gobiernos, que permitieron reducir la pobreza y la indigencia mediante planes sociales, y a otras medidas como la legalización del aborto y el matrimonio igualitario. Sus opositores señalan que en los últimos años la economía se estancó, aumentó el déficit fiscal y creció la inseguridad en las calles, ligada en parte al narcotráfico.

Las proyecciones también indican que ninguna fuerza política alcanzará, tras las elecciones, mayoría parlamentaria propia. De este modo, el principal desafío para el próximo presidente pasaría por la gobernabilidad y por la conformación de un esquema de gobierno de coalición entre distintos partidos.

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