La inmigración ilegal, el odio irracional y el patriotismo

Por Antoliano Peralta

La Constitución proclamada en enero del 2010 dejó  resuelto el muy discutido tema de quienes tienen derecho a la nacionalidad dominicana. Mantiene el principio de que son nacionales dominicanos aquellos que nacen en territorio dominicano con algunas excepciones y los hijos de padres dominicanos que nazcan en el extranjero y que declaren su voluntad de ser dominicanos aun hayan adquirido otra nacionalidad.

Las excepciones indican que no tendrán derecho a la nacionalidad dominicana los hijos de extranjeros en funciones diplomáticas o consulares y los hijos de las personas en tránsito. Deja a la ley la definición de personas en tránsito considerándose como tales a los no residentes.

A partir de las anteriores consideraciones legales todo extranjero que no cumpla con los requisitos de las leyes dominicanas para entrar o permanecer en territorio nacional debe ser expatriado sin contemplaciones. Sin embargo no debemos olvidar al abordar este tema el respeto de los derechos humanos de las personas indocumentadas. Es cierto que la patria nos duele y que debemos preservar el territorio nacional y el legado de los trinitarios, de los héroes de La Restauración y de los constitucionalistas de abril del 65, pero la conducta en incremento de incentivar el odio contra obreros, domésticas y pedigüeños haitianos o contra todo lo que tenga que ver con aquel país, no me parece buena idea. El fenómeno migratorio es universal, los bolivianos inundan las calles de Buenos Aires vendiendo chucherías, los mexicanos han ocupado EEUU; los nicaragüenses se van a Costa Rica, los africanos a Europa. Miles de marroquíes y de otras nacionalidades pululan en las calles de ciudades españolas e italiana.  Nadie ignora la ola de dominicanos que emigra a puerto Rico aun en las críticas condiciones en que se encuentra este país, algunos para quedarse allí y otros como canal para llegar a territorio de EEUU.

Nada justifica que  nosotros recibamos por centenares haitianos ilegales en nuestro territorio pero como no podemos mudarnos y a pesar de que algunos han llegado a sugerirlo los haitianos no pueden ser trasladado de su territorio a otro lejano lugar, lo correcto es que manejemos esta situación con la madurez debida sin dejarnos arrastrar por el odio  injustificado que puede crear mayores problemas históricos a las generaciones venideras que la ocupación haitiana del 1822 y los abusos que esto arrastró y la matanza de Trujillo del año 1937. Digo esto bajo el riesgo de ser señalado como un anti patria merecedor de la hoguera, pero debo decirlo.

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