Fidelidad… ¿por ti o por mí?

Fidelidad… ¿por ti o por mí?

Ese día del monográfico casi no se habló de periodismo, sino de romance y sexualidad. El profesor desató los aguijones de los presentes cuando exclamó sin estupor: “La fidelidad es antinatural”. Su enunciado atentaba contra siglos de costumbres sociales y eso chocaba de frente con la realidad. ¿Por qué el asesor lanzó esa pedrada a la conciencia de jóvenes con pañales mentales?

Resulta que al ser humano le costó 200,000 años llegar a mil millones de personas en el planeta, sin embargo, solo hicieron falta 200 años para alcanzar los siete mil millones. De acuerdo al maestro, ese crecimiento poblacional es casi imposible lograrlo con la monogamia porque, de ser así, la cantidad de mortales no pasaría de cuatro mil, considerando que cada pareja tuviera dos o más hijos. El control de natalidad ni se pensaba, incluso era herejía entre los gobernantes.

Empero, la neuropsicóloga Olga Delgadillo considera que ese crecimiento demográfico responde a que antes del siglo XIX la mortalidad infantil y materna era muy frecuente por las carencias médicas, sin embargo, los avances farmacológicos, protocolares y de nacimientos ofrecen mayores logros de supervivencia. Incluso plantea que ahora nacen menos niños, pero viven más.

Lo curioso de toda esa polémica fue que al final la duda se quedó en los neófitos, porque sabíamos que había un poco -o mucho- de razón en lo que planteaba el hombre soltero (inserte su conclusión aquí) frente a la pizarra. ¿Si la fidelidad se hubiese mantenido desde que decidimos ser civilización, a la fecha no seríamos tantos, o quizás no existieran piezas del arte universal o psicoanálisis y demás parafernalias a las que hoy se les prenden velas?

La Enciclopedia Judía plantea que “aunque no existen evidencias de poligamia en la sociedad judía primitiva, parece ser que la poligamia era una institución bien aceptada, desde los tiempos más antiguos y extendiéndose comparativamente a tiempos modernos”. Antes de la era cristiana era aceptable tener dos o más parejas, pero era una práctica exclusivamente de los hombres.

El autor de “Familias Poligámicas en la Sociedad Contemporánea”, Joseph Ginat, dijo que la Iglesia Católica rechazaba la poligamia, pero ocasionalmente permitió segundos matrimonios de líderes políticos. Incluso San Agustín hace referencia al tema en su texto “El Bien del Matrimonio” cuando plantea que era permitido tener varias mujeres para procrear más hijos, aunque aclaró que en la etapa moderna eso no es permitido.

Otro que se refirió al tema fue Martín Lutero, líder histórico de la Reforma Protestante, quien confesó: “Si un hombre desea casarse con dos mujeres o más, no puedo prohibírselo ya que no contradice la Escritura”. Ciertamente en la Biblia no aparece explícitamente la monogamia, aunque se intuye por los libros del Nuevo Testamento.

Pero… en la misma historia cristiana se han hecho malabares para justificar la infidelidad de la cúpula. En Éxodo 20-14 se prohíbe el adulterio, que va relacionado directamente con la infidelidad de la pareja, pero el catecismo católico lo plantea: “No cometerás actos impuros”, un concepto ambiguo porque si bien es cierto que la infidelidad debe estar ahí, no menos cierto es que si la poligamia era aceptada por la monarquía, dejaba de ser impura desde el acuerdo social estipulado. No era justa, pero era legal.

La Iglesia de los Santos de los Últimos Días apoyaba la poligamia en los Estados Unidos hace algunos siglos, pero cuando la prohibieron un grupo en desacuerdo decidió formar sus propias reglas y todavía se les puede ver en Utah con dos o más esposas. Aunque la ley norteamericana prohíbe la poligamia, es posible que esa práctica esté en por lo menos 50,000 parejas bajo la sombrilla del fundamentalismo mormón, y como son acciones religiosas y el credo es un derecho universal, se debe respetar.

En la fauna los ejemplos de fiesta copulativa son diversos. El león, que se le considera “el rey de la selva”, pudiera verse como un polígamo natural ya que, al ser el macho alfa, se aparea con todas las hembras. Pero no es un caso solo masculino, ya que la abeja reina debe ser tan promiscua como sea posible para mantener la colmena en armonía.

Hay casos de fidelidad que también son curiosos como el de las aves, de las que se comprueba lealtad en el 90% de los casos, pero lo hacen como monogamia social, no sexual. Los padres se mantienen juntos, no por un concepto de pertenencia y moral, sino porque las crías necesitan de ambos para no morir antes de salir del nido. La fidelidad en los animales irracionales surge por instinto y supervivencia, no por convicción o religión.

¿Qué es ser fiel? Si partimos de las directrices moralistas contemporáneas es tener una pareja, una. Se relaciona con suprimir el instinto animal que biológicamente impulsa la oxitocina cuando descubres afinidad con otro semejante; es enfocar toda tu atención en tu pareja sin si quiera pensar en otra persona. Es difícil mantenerla, pero no imposible.

A mi juicio, la fidelidad es algo que se ofrece, no se exige. Una persona es fiel por convicción intrínseca, no porque su pareja lo imponga. Aunque se haya firmado un contrato matrimonial o se jure por uno de los dioses, el individuo será fiel, sí y solo sí, lo determine por lealtad al semejante, no por sometimiento.

Cuando una persona logra la plenitud con la otra, la fidelidad llega sin proponerlo porque, instinto o no, lo que buscamos es la mayor descarga de éxtasis, bienestar y satisfacción, que licuado da una batida llamada felicidad. Si alguien reúne esas condiciones no abandonamos esa canasta de serotonina por una fundita de dopamina.

¿Por qué los humanos somos infieles si no lo hacemos para multiplicarnos? La profesora Pepper Schwartz de la Universidad de Washington cree que hay dos razones: carencias sexuales o debilidades emocionales, en ambos casos entran en juego las hormonas.

La parte primitiva del cerebro empuja a la infidelidad, el sistema límbico se activa cuando logramos la conquista y la parte racional entra con la descarga seminal, lo que llamamos conciencia. Si la parte racional está desarrollada, la persona siente remordimiento ante la falta de lealtad a la pareja y tiende a buscar recompensas materiales o emocionales con la otra parte para reducir los efectos del cerebro medio.

Ya sea por el credo, leyes sociales, evolución antropológica o control hormonal, la fidelidad dependerá de la creación cultural y su concepto intrínseco. Lo que para occidente es condenable, para oriente es favorable. ¿Estar con una sola persona es bueno o malo? Dependerá mucho de su convicción personal y su estado de plenitud, más que con el otro, consigo mismo. Si no eres fiel a ti mismo, cualquier fidelidad externa es mera utopía, aunque tus orgasmos todavía estén en vitrina. Es imposible amar si antes no te apapuchas y te llenas de ti.

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