Conocí una leyenda

Conocí una leyenda

Dicen por ahí que trabajes en lo que ames para que no tengas que trabajar el resto de la vida… puedo decir que el tenis me ha dado ese privilegio.

En la pasada edición del Santo Domingo Open tuve la oportunidad de estar de cerca con decenas de tenistas a los que semana tras semana doy seguimiento, pero tenerlos de cerca, compartir con ellos es una experiencia única.

Pablo Cuevas, Jurgen Melzer, Paolo Lorenzi son solo tres nombres de los inscritos en el torneo que merecen un gran respeto por la trayectoria que han mantenido en este deporte.

En otras ediciones pude conocer a Nicolás Almagro, Horacio Zeballos, en fin tenistas que ves en televisión y no imaginas que vendrá a tu país a competir en algún momento.

Pero lo de este año fue espectacular. Tuve el honor de compartir con Leander Paes, uno de los hombres más respetados en esta disciplina, que tal vez a usted le suene desconocido, pero fue número uno del mundo en dobles y se ha mantenido en el circuito por más de 20 años, llegando a jugar casi 2,000 partidos como profesional.

El sentimiento que me genera haberlo conocido no está solo relacionado a sus logros como atleta, sino a la persona que es fuera de cancha. Pese a las críticas de que es insoportable con sus compañeros de dobles, el indio me dio la impresión de ser el tenista más amigable que he conocido, tanto con la prensa como con el público.

En mi caso, no desligo la grandeza de una persona en su profesión de su calidad como persona, y él reúne esas dos cualidades. Ganó el torneo en dobles y se tomó unos minutos de la premiación para entregar a un niño una camiseta autografiada por él y su compañero Miguel Ángel Reyes.

Usted dirá: “Es relaciones públicas”. Tal vez sea cierto, pero mostró interés de ver partidos de béisbol aquí (deportes del cual es fan), de volver en un momento de vacaciones, y con todo el respeto y cariño que le mostró el público local, no dudo que desee volver en una próxima edición.

En una oportunidad pude ver a Rafael Nadal cuando estuvo en el país, a quien no traté más que para hacerle preguntas típicas de periodista, pero pude ver a un joven tímido, pese a ser de los mejores de la historia en esta disciplina. Eso hace más grande a un deportista.

Volviendo al caso de Paes, además de su trato, el doblista construyó un gran orfanato en Calcuta para tratar de disminuir el índice de niños que deambulan por las calles de uno de los países con mayor población del mundo.

No sé cómo lo definirían ustedes, pero desde mi punto de vista es un ejemplo a seguir para muchos atletas que creen por alcanzar la fama o triunfar en un área están por encima de su público, al que le deben parte de su ascenso al éxito.

¡Hasta la próxima semana!

Por: Michael Monegro