Educación vial ¿En serio?

Educación vial ¿En serio?

La “nueva” ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial (demasiado larga para que el ciudadano la recuerde) entró en vigencia en febrero de este año. Si hubiese sido un esperma hoy ya fuera un bebé, pero todavía el feto sigue en el vientre de un Estado que confirma su incompetencia al proclamar una institucionalidad de cartón.

Se suponía que la dichosa legislación -que sustituye la Ley 241 de 1967- llega como panacea para salvarnos del caos que nos llevó a estar en el primer lugar de los países más peligrosos para conducir por la elevada cifra en muertes y accidentes. Las cuchumil instituciones de las calles ahora se unen en el Instituto de Tránsito Terrestre (INTRANT) para centralizar los esfuerzos. Sonaron los redoblantes y la solución llegaba en botellita… ¡Taránnn!

En teoría las entidades reguladoras ya no existen, pero ese dinero sigue llegando igualito a esas nóminas. A la OPRET, por ejemplo, se le aprobó un presupuesto para este 2017 de 3,899.1 millones de pesos y aunque aparece adscrita al Ministerio de Obras Públicas, esos fondos responden a su dirección. Todavía no se ha precisado qué pasará con ese dinerito.

Ni siquiera la AMET, que ya no debería existir, ha salido del camino. De hecho, su director anunció hace un par de meses fortalecer el “Equipo Águila” que fiscaliza el tránsito en los túneles y elevados. ¿Por qué gastar cientos de miles de pesos en equipos y uniformes nuevos si tendrán que cambiarlo mañana? Una de las tantas preguntas que nadie responde.

En teoría ya no están los tentáculos del malogrado sistema vial nacional, sin embargo, el dinero que se había destinado en el presupuesto de este año no fue redireccionado, o por lo menos no de la mejor manera. Pero ya tenemos una nueva ley y ese paso hay que aplaudirlo, el lío es que no da tiempo a celebrar cuando ves que el diablo solo cambió de disfraz; sigue siendo de azufre.

La directora del Intrant habla de que a mediados del año entrante se iniciará la verificación de los vehículos para que no circulen sin la debida autorización técnica, y todo eso por el lamentable caso de la mujer, su hermanita y su sobrina que murieron asfixiada por monóxido de carbono en un vehículo que nunca fue honestamente revisado por las autoridades, si es que lo fue.

Mañana ocurrirá otro fatal accidente y la funcionaria se despachará con una escoba para barrer la porquería dejada por un Estado irresponsable. Las medidas tomadas son momentáneas, responden a esa adicción al declaracionismo pendejo de los funcionarios. Si la jodía Revista sirviera para algo, esas tres mujeres y otras personas no murieran o se intoxicaran. La solución no es hablar bonito para estar en la portada, es aplicar la maldita ley y dejarse de pendejadas.

Hoy arranca la Semana de la Educación Vial y me detengo a ver las herramientas y canales con que se pretende educar a la población. ¡Qué perla! Quieren que el motorista de la esquina use el casco protector, pero no le exijen lo propio al policía que, además, se sube por los elevados sin placa, sin seguro, sin luces, sin juicio. Piedra para el más chiquito y si ladra los reventamos. ¡Ay ñeñe!

El año pasado utilizaron una campaña acertada visibilizando las consecuencias de conducir fuera de las reglas. Mostraron los accidentes sin censura y eso generó la crítica positiva hasta internacional. Ahora cambian la modalidad por pancartas, volantes y unas palabras chulas que los educadores olvidan cuando llega el mensaje de Whatsapp mientras conducen sin cinturón a más de 100km/h.

La parafernalia se empodera de esta comarca, miles de millones de pesos en campañas y publicidad desechable. Con menos de la mitad de lo que se gasta imprimiendo volantes genero una campaña en Google que llegua a todos los celulares inteligentes durante la semana completa. El nicho que no tenga Smartphone lo movilizo con algo dinámico e interactivo, cosa que no veo en lo que presenta el Intrant. El gasto eficiente es obligatorio… Jajajaja.

¿Cuáles son las propuestas con esta nueva ley? Lo primero es conocerla y ni los que la aprobaron saben eso.

Más del 90% de las personas que conduce un vehículo de cuatro ruedas o más tiene un celular inteligente donde bien pudiera descargar una App que les oriente, pero eso reduce el consumo de combustibles y jode al fisco. Los jóvenes se manejan con tecnología, una herejía para nuestras autoridades que prefieren gastar mucho en disparates para el bulto, la prensa y la algarabía.

¿Ustedes sabían que en esta media isla de poco más de 48 mil kilómetros cuadrados hay casi 1,3 millones de vehículos del siglo pasado? No del 2000 al 2007, sino de 1999 hacia atrás. Solo de carga hay más de 103,000 que datan de 1988 o antes. Es más, ustedes y yo sabemos que el negocio de los carburantes se sustenta de dos cosas: tapones y chatarras.

La nueva ley de tránsito prohíbe que un niño viaje en los asientos delanteros de los vehículos y esto es razonable, pero no pensaron en algo… las camionetas de una cabina. El vendedor de plátanos compró su guagüita a puro coñazo para ir progresando y aprovecha para llevar a su niña a la escuela, pero ya no podrá montarla delante, ni en la parte de atrás, ni mandarla en un motoconcho, ni obligarla a caminar los tres kilómetros. Simplemente se jodieron.

No se puede inventar tanto, vivir de la improvisación no puede ser la norma en esta comarca. La intención de regular los 3.2 millones de vehículos del país es necesaria, buena y justa, pero el orden se impone con seriedad. Esta nueva ley parece que funcionará solo entre la Gómez, Churchill, Independencia y Kennedy, y así no fue que hablamos. Hagan la vaina bien. ¡Carajo!

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