Una olla de presión

Una olla de presión
Por Metro RD

No es que quiera convertirme en un crítico de cine, pero me encanta el séptimo arte y cuando se combina con el tenis, pues mucho más. Para esta semana quiero escribirles, al igual que como lo hice días atrás, de una película ligada a este deporte que tanto nos apasiona.

La selección en esta oportunidad es Borg McEnroe, que como su nombre indica nos retrotrae a una época dorada del tenis, tal vez la primera desde que esta disciplina salió de los clubes élite de Europa para jugarse de verdad dentro del profesionalismo.

Pero más allá de la rivalidad, más allá de la final de Wimbledon de 1980, ese partido considerado como uno de los mejores de la historia, la introspección que hace el director Janus Metz a la esencia de un tenista es impresionante.

Siempre que escribimos sobre un torneo o un jugador en particular, los cronistas nos centramos en los resultados, en quién gana el campeonato, en las condiciones físicas de los participantes, pero muy pocas veces se llega a conocer lo que le pasa a un tenista por la cabeza a cada momento.

La lucha por ser el mejor, la batalla interna con los miedos, la presión, el protagonismo… en la dramatización de estas escenas los actores fueron geniales y la dirección del filme, impecable.

Recuerdo haber entrevistado a jugadores luego de haber perdido partidos cerrados contra rivales que en el papel lucían más fuertes, y a pesar del trabajo hecho en cancha la sensación no es “jugué bien” o “me faltó solo un poco, estoy mejorando”, es “no pude hacerlo”, “volví a fallar”, “no sirvo para esto”. La cabeza de un tenista es una olla de presión a punto de explotar.

Federer comentaba hace unos días que en 2004 pensó en retirarse porque su coach en ese momento le había dicho que no servía para eso. Para esa fecha, el suizo ya había sido campeón de Wimbledon y de Australia, sin embargo, solo necesitó un empujoncito de un resentido para empezar a pensar que no servía para eso, porque ya en su cabeza habían ideas como esas pese a los triunfos que había obtenido.

En resumen, no importa la que un atleta haya conseguido en este deporte, siempre querrá más, siempre se cuestionará sobre su calidad y nunca será suficiente; esto queda plasmado a la perfección en este largometraje, que recomiendo incluso más que La Batalla de los Sexos, que les indicaba hace unas semanas.
Anímense y me dan su opinión.

¡Hasta la próxima!

Por: Michael Monegro